Sin vergüenza

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

El último episodio en el Congreso de la República demuestra que, en ese supuesto recinto de la democracia colombiana, sus miembros no tienen vergüenza.
No se sonrojan al demostrarle a quienes apoyaron la consulta anticorrupción y a todo el país, que la pésima imagen que tienen ante la opinión pública no solo no les importa, sino que no están dispuestos a hacer nada por mejorarla. Pero aun, se ratifican en que defenderán sus inmensos e inmerecidos privilegios hasta el fin de sus vidas, así esto implique incrementar los sentimientos negativos que ellos, con su proceder, les inspiran a los colombianos.

Sin vergüenza es el calificativo que mejor se aplica al Congreso de la República y por ello no debe sorprender su comportamiento. Mientras la agenda legislativa del nuevo gobierno no se nueve un centímetro, en vez de propender por una mayor velocidad de la administración para que acelere la presentación de sus propuestas de reformas, el tiempo demasiado bien pagado, no lo ocupan en esto, sino que se desgastan en propuestas cada vez peores. Entre ellas, debe destacarse la del presidente del Senado que tiene el olor de reelección. No les da pena cada nueva brillante idea sobre su permanencia en este recinto por períodos interminables, lo que demuestra el interés de muchos de ellos de permanecer para siempre en el poder. Es decir, a ellos y ellas representantes del pueblo, con muy pocas excepciones, lo que menos les preocupa es fortalecer la democracia colombiana. Por el contrario, sus mentes se dirigen mejor a buscar caminos que les permitan mantener su poderío, cuando lo obtienen.

Así no funciona una verdadera sociedad moderna y la culpa no es solo de quienes ocupan las curules en el Congreso de la República, sino de todos aquellos ciudadanos que los eligen. Que votan sin tener claras las consecuencias que decisiones erradas en el campo de la política, pagan de una manera u otros sectores de la sociedad que requieren lograr una mejor vida. La función de una sociedad frustrada con el nivel de su clase política, es reconocer que tiene en sus manos el instrumento para sancionarla y cambiarla. Se trata nada menos que del voto. No elegir a determinado candidato es un derecho de la ciudadanía ante hechos como los observados en el Congreso de la República durante la semana anterior. Este es el mayor costo que pueden sufrir quienes se suponen nos representan, quienes toman las decisiones que más afectan a una sociedad.

Los colombianos están en mora de reaccionar frente a esta representación “sin vergüenza”, que es la que tenemos actualmente. El país debería rechazar abiertamente esos legisladores por la incapacidad que tienen de escuchar la voz de quienes cometieron el error de elegirlos. Pero, la pasividad que demostramos permanentemente parece que también la tiene el gobierno, cuando de quitarles beneficios a los legisladores se trata. Con razón, el Congreso actúa como si la opinión del país los tuviera sin cuidado.
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