Bufones del rey

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Bustamante Barros

Carlos Bustamante Barros

Columna: Columna Caribeña

e-mail: cm-bustamante@hotmail.com

La Real Academia Española de la Lengua define a los bufones como los cómicos de la realeza encargados en la tarea particular de hacer reír al rey, quien en su vida privilegiada que le permite su investidura monárquica, tiene en su cabecera bufones encargados de hacerlo reír, que le sirve para menguar de algún modo su vida rutinaria y holgazán, sin embargo, a los bufones también se les distingue porque presentan además obras teatrales tales como títeres, cuenta cuentos, juegos participativos, malabares, coreografías musicales, situando con ello sus funciones profesionales mucho más allá del espacio para payasos en sí mismo considerados.

Estas costumbres venidas de ultramar de la lejana Península Ibérica fueron asimiladas en los territorios conquistados a principios del XIX, en que los conquistadores ibéricos en su hábitad holgazán y sanguinario en los territorios conquistados de las nuevas indias occidentales, optaron por adecuar la figura del bufón, logrando con el paso del tiempo insertarla en los acervos culturales criollos, produciendo la metamorfosis de lo que podríamos denominar bufones a la criolla, así encontramos tales figuras arraigadas en las distintas regionales que integran la patria, como por ejemplo en Boyacá a Jorge Veloza con sus carrangueros de Ráquira, en la que se combina magistralmente el humor negro, agudo e ingenioso, dirigidos en este caso a la generalidad de los ciudadanos, mas no en forma necesaria a particulares determinados como en los regímenes despóticos venidos a menos.

De igual modo en los Llanos Orientales también encontramos bufones con particularidades específicas ejecutando música de arpa con dejos cantarinas que le plasman poesías a la llanura exuberante de atardeceres de oro, pero acrisolados por el humor chispeante propios de la bufonearía que se extiende a cada rincón sinuoso de su extensa geografía atiborrada de ríos y afluentes virginales.

En el Eje Cafetero también se evidencia la existencia de bufones como Tola y Maruja, que dadas sus características particulares de buen humor han alcanzado incluso excelente lugar en la teleaudiencia del país, hechos estos que las hacen ser muy reconocidas con todas las características que las distinguen a lo largo y ancho de la faz de la nación, guardando las proporciones y por supuesto las distancias como la Nena Jiménez o Montecristo en sus mejores tiempos de épocas pasadas.

En la costa Caribe de nuestro país, lugar recóndito del mundo, también es posible encontrar bufones, recordemos al gran compadre Lencho que tenía un programa en Telecaribe nuestro canal en el espacio Cheverisimo difundido los fines de semana, e incluso al hombre caimán del programa televisivo sábados felices del Canal Caracol, pero además de los connotados bufones señalados también es menester nombrar a la infinitud de estos artistas del humor con visos del anonimato diseminados a lo largo y ancho de la explanada Caribe alegre y tropical, que sin los aditamentos propios de payaso, se les puede observar en las parrandas vallenatas de atisbos eternos, velorios, fiestas patronales de santos en pueblos y veredas, incluso en la plaza pública haciendo gala de su humor y sortilegios intentando de ese modo distraer y causar hilaridad en el público expectante que de paso saborean raspaos o cholaos, comen pinchos o ocaso degustan en vasos desechables sancocho de mondongo o callos como le llaman en algunas regiones colombianas.

Con todo hay que señalar que el gremio no organizado de los bufones o payasos como solemos designarlos comúnmente en la cultura de nuestro país, ha perdido bastante fuerza durante el paso inexorable del tiempo en las últimas dos décadas, porque la violencia ejecutada por los actores del conflicto interno nacional extendieron infames sus alas negras y largas contra el sector señalado encargado del sano esparcimiento señalado en los postulados constitucionales, recordemos como ejemplo de lo señalado con anterioridad el aleve asesinato de Jaime Garzón hace veinte años en Bogotá, ejecutado según los sabuesos judiciales por orden de la la extrema derecha dirigida para aquel entonces por el extinto Carlos Castaño, en lo que fue clasificado en su momento como aberrante crimen propio de la intolerancia que ciega vidas prometedoras en forma tempranera, engrosando este hecho a otro de los acápites vergonzosos de nuestra historia reciente.

Desde las propias catacumbas de la tierra del olvido en que nos encontramos, enviamos saludos muy especial a todos los bufones colombianos y del mundo que açun en las limitaciones que le son propias por la situación social y económica de nuestra cotidianidad intentan con su humor imprimir humor a la vida, tal vez emulando con ello a las letras de la canción antillana que la vida es un carnaval, en la cual en esta oportunidad su bufonería no va dirigida al rey sino al conglomerado social que avala sus actuaciones.

Al finalizar el presente artículo periodístico me indagan si las personas que abundan en las reuniones sociales con chismes y de paso molestando a todo el mundo, pueden clasificarse como bufones, les respondo que en mi criterio no hacen parte de ese gremio, al contrario son individuos insistentes o intensos como le dicen ahora cuyas actuaciones terminan cansando al más paciente de los mortales, por obvias razones.

El mundo y la vida siguen su curso…

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