Protesta inocua

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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La protesta de los estudiantes la semana pasada supuestamente defendiendo la universidad pública no es justificable. Pareciera ser que hay un sector que hay un sector que estúpida o calculadamente quiere llevar el país al despeñadero. Educarse –que no es lo mismo que tener un título- es una obligación antes que un derecho.

El argumento ganador de los mamertos es que supuestamente se está gastando más en lo militar que en la educación. Si así fuera esto sería lo sensato. El derecho a la vida está por encima al de la educación, y es que para educarse primero hay que estar vivo y libre. Para que muchos de nuestros jóvenes puedan educarse, primero el país tiene que acabar con los conflictos armados internos a las buenas o las malas y el estado tiene que ser capaz de ejercer soberanía plena en todo el territorio nacional.

La suerte de los jóvenes de las ciudades, es muy diferente comparada con los del campo. Para estos últimos, muchas veces las opciones se limitan a que grupo al margen de la ley se unen o los obligan a unirse.

Adicionalmente, la amenaza de Venezuela obliga a adquirir armamento para defenderse. Colombia es un país pacífico, pero tiene que estar preparado para repeler cualquier ataque de Venezuela.

Ahora bien, hay que ser realistas, y el que se diga y repita que la educación es un derecho, no lo hace un derecho efectivo. Simplemente, el país no tiene las condiciones económicas para hacerlo un derecho universal. Los que hoy se benefician de la educación pública, realmente están haciendo uso de un privilegio.

En derecho, cuando alguien nos debe dinero pero no hay nada que embargarle y está sin empleo, es un derecho de papel. Algo semejante sucede con la educación. No es que no se quiera que la educación sea un derecho gratuito y universal, es que no podemos pagarlo, o por lo menos no como lo están planteando todas las partes, incluido el gobierno.

La situación del país exige que se propongan soluciones audaces e innovadoras. No hay presupuesto que aguante cuando se quiere invertir en ladrillos apostándole a la educación presencial, la cual siempre creara privilegiados y será excesivamente costosa. Por este lado, no vamos a lograr la meta de la universalidad y de la gratuidad.

Hay que aprovechar la tecnología, y todo lo que debería necesitar un alguien que quiera aprender es acceso a la Internet por medio de un computador. Los nuevos modelos educativos favorecen la educación no presencial y propenden por el autodidactismo.

El estado tendría que tener unas pruebas para acreditar la idoneidad de los profesionales. El que demuestre la competencia y el conocimiento para ejercer una profesión u oficio en los exámenes estatales, entonces se le otorga la licencia para que pueda ejercer. Es claro que algunos campos requieren parte presencial, pero se hace de una manera racional y justificada. Así podremos llegar a casi que cualquier rincón del país y tener un modelo que sea gratuito y universal. Si la educación es un derecho, no puede serlo solo para los jóvenes de la ciudad. El sistema educativo necesita una reingeniería profunda para que la educación corresponda a las necesidades del país. Y esa reingeniería comienza con el bachillerato. Un bachiller en Colombia, debería ser hoy capaz de ejercer competentemente un oficio.

Los jóvenes en vez de andar protestando y reclamando lo que no es posible, deberían ser parte de la solución. Se protesta retando el statu quo no con piedras sino con ideas y haciendo planteamientos novedosos; se protesta con propuestas. El problema de la educación no se resuelve con más adiciones presupuestales. Además, tanto joder para al final salir con una educación obsoleta y deficiente. De primera mano, he visto abogados y periodistas, algunos con dos maestrías, que carecen de la más elemental formación humanística y por tanto son incapaces de escribir un párrafo medianamente coherente y lógico.

El uso del idioma es atroz, pero tienen un diploma y una tarjeta profesional que supuestamente acreditan la idoneidad. Colombia podrá aspirar a que la educación sea un derecho efectivo y universal, el día que la educación deje de ser un muy lucrativo negocio.

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