USMC, Geopolítica y juegos de guerra

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La firma del nuevo pacto comercial entre los Estados Unidos, Méjico y Canadá es un paso grande en la implementación de la agenda geopolítica del Presidente Trump de hacer los Estados Unidos grande nuevamente (Make América Great Again).  Sus contradictores y enemigos domésticos y foráneos no dan crédito a sus ojos, y todavía no se cansan de anunciar la inminente debacle para los Estados Unidos y para el Presidente; hasta ahora, Trump los ha callado con resonantes victorias.  El odio los ciega tanto que incluso lo acusan de desequilibrado mental y proclaman a todos los vientos que esto lo inhabilita para ser presidente.  Si esto es cierto, entonces el mundo necesita más locos como él.

Hoy hay una guerra comercial abierta con China, que tiene al FMI y a muchos países nerviosos, sobre todo a las economías emergentes y exportadoras de materias primas; la desaceleración de la economía china implicaría una menor demanda de materias primas.  No puede quedar duda de que potenciar la economía de los Estados Unidos tiene como uno de sus objetivos principales detener el ascenso económico de China y privarla de los recursos que le permitan apalancar su agresiva agenda expansionista.

Trump la tiene clara, y entiende como se arma el rompecabezas.  Entiende que una economía global jalonada por el poder adquisitivo de los estadounidenses no es una buena estrategia a largo plazo y debilita la posición de liderazgo económico y geopolítico.  De aquí nace la necesidad imperativa de exigir que los intercambios comerciales más justos.  Los Estados Unidos tienen que equilibrar la balanza comercial y tiene que volverse una nación exportadora nuevamente.  El trabajo de Trumpo es proteger trabajos en los Estados Unidos y mejorar la competitividad de las empresas estadounidenses echando mano de todos los recursos disponibles.

La mentalidad de la globalización bajo la cual se hicieron pactos comerciales que hoy se intenta cambiar, resultaron siendo muy beneficiosos para aquellos países que gozaron de protección especial.  El paradigma de la época dictaba que de la mano del desarrollo económico se daría la apertura democrática.  El GATT fue reemplazado por la OMC, y se llegó al extremo de aceptar la membresía de China a pesar de que era un violador contumaz, y aún sigue siéndolo, de todas las normas de competencia leal.  A pesar de las probadas violaciones, todos decidieron hacerse los de la vista gorda bajo la premisa que era preferible una China miembro de la OMC que fuera.  Uno de los grandes problemas con China ha sido las violaciones de la propiedad intelectual, el espionaje industrial y el permanente robo de patentes para copiar productos y hacerlos a mucho menor precio, lo cual amenaza las inversiones en investigación y desarrollo de productos.  En parte, imagino, el comportamiento chino se debe a que en el sistema legal chino no existe la propiedad privada, de la cual forma parte la propiedad intelectual y las patentes.  Trump da en el clavo al tomar el toro por los cuernos y enfrentarse a China.  Puede no gustarle a los chinos y a otros personajes pusilánimes a nivel global, pero las consecuencias geopolíticas de no hacerlo y seguir alimentando al dragón serian demasiado serias como para no colocarle el detente mientras se pueda. 

El mayor enemigo y amenaza para Occidente es China y no Rusia.  Nos guste o no, la importancia de una nación hegemónica que tenga la capacidad de poner a todos los otros en su puesto es de vital importancia para la preservación de la paz mundial.  Y como mostró una reciente encuesta de Pew, la mayoría de los habitantes del planeta, con poquísimas excepciones en países parias para ser más exactos, prefieren que ese país sea los Estados Unidos y no China.  No se nos puede olvidar que China no tiene una democracia y que el gobierno es autoritario, lo que implica que en la realidad, los derechos ciudadanos no existen.  El Partido está por encima de las leyes, y no es difícil pensar cómo sería un nuevo orden global bajo la bota china.

Ojala la izquierda desinformada estadounidense detenga el obstruccionismo perverso y apoye la agenda del presidente Trump.  Es necesario realinear el comercio mundial y buscar pactos comerciales que sean un gana-gana para los Estados Unidos.  Mientras tanto, gracias a la Trumpmanía, Trump es noticia en los medios estadounidenses veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

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