Cambios y evolución de la Iglesia Católica

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El Pájaro de Perogrullo

El Pájaro de Perogrullo

Columna: Opinión

e-mail: jplievano@outlook.com

Difíciles momentos los que debe estar viviendo el Santo Padre. Que varios de sus Sacerdotes y altos jerarcas estén acusados de abusos sexuales y pederastia, y que además sea recurrente y en diferentes países, significa que hay algo muy, pero muy mal, en la Iglesia Católica.
El problema es endémico. Hay una multitud de escándalos en los Estados Unidos, en Irlanda y en Chile. En Estados Unidos, el Arzobispo y ex Nuncio Carlo Maria Viganò acusó al Papa de encubrimiento. Se trató del abuso sexual y comportamiento inmoral contra seminaristas que cometió Theodore McCarrick. Se alega que Francisco le retiró las sanciones impuestas por Benedicto XVI, a pesar de conocer los comportamientos de McCarrick. Igualmente, en Pensilvania se desató recientemente otro escándalo de abuso sexual. Se ha descubierto que, por varias décadas, más de 300 Sacerdotes abusaron de más de 1000 menores. Igualmente, se pudo comprobar que existe encubrimiento por parte de funcionarios eclesiásticos.

Lo que ha ocurrido en Chile también es preocupante. El caso emblemático es el del Obispo Fernando Karadima, quien, abusando de su posición, su carisma e incluso del sacramento de la confesión, abusó sexualmente de menores y seminaristas por décadas. Recientemente se ha descubierto, también en Chile, que 14 Sacerdotes, por más de 10 años, cometieron prácticas sexuales contra menores. El escándalo ha sido de tal magnitud que, finalmente, las autoridades actuaron y allanaron la sede del Tribunal Eclesiástico de Santiago y el Obispado de Rancagua. Se encontró en los allanamientos que alrededor de 100 sacerdotes eran investigados por abuso a menores desde 1960.

Finalmente, en Irlanda, los escándalos también son mayúsculos y de no creer. Se han reportado maltratos, abusos sexuales contra menores, ventas de bebes y abortos. Se presentó el abuso sexual de más de 2500 menores y se encontró una fosa de “abortos” con más de 800 esqueletos, supuestamente de madres solteras que iban a buscar ayuda. El caso más emblemático es el de Brendan Smyth, un Sacerdote que por más de 40 años abusó de más de 50 niños. Por todo esto, la Iglesia Irlandesa no ha podido mantener el número de feligreses. No es de extrañarse que, en reciente visita del Papa a Irlanda, la misa de Phoenix Park en Dublín, a campo abierto, resultó todo un fiasco en cuanto asistencia. Todo esto no es un tema que se pueda manejar a la ligera. Tampoco puede ser tratado como un asunto esporádico y que tenga una fácil solución. Son los síntomas de un mal estructural que requiere profundos cambios en la Iglesia Católica. Se deben desmontar los mecanismos que han permitido el secretismo y el encubrimiento.

La confesión, como sacramento, aun cuando valiosa para algunos, pero no para otros, no puede encubrir los abusos sexuales de los Sacerdotes contra menores. Igualmente, tampoco debería haber confesión para menores, pues este “sacramento” los pone en inferioridad y en situación de manipulación. Finalmente, en caso de que se presenten sospechas de abusos contra menores, deben ser los mismos jerarcas y Sacerdotes los que denuncien de manera inmediata a los abusadores antes las autoridades. Respecto al Celibato, o estado de soltero de los Sacerdotes, institución arcaica de los inicios de la Iglesia, no tiene razón de ser en el Siglo XXI. Los Sacerdotes deben casarse y formar una familia. Deben igualmente tener hijos y vivir en la comunidad como cualquier otro feligrés. Si la excusa es mantener una jerarquía, devoción total y ahorros monetarios por el mantenimiento de las familias, la Iglesia Católica no evolucionaría como lo requieren los tiempos modernos. Ignorar lo que está pasando y no realizar las reformas requeridas hará que la Iglesia Católica pierda vigencia y eficacia en la comunidad en predicar y enseñar el mensaje de Jesús, su verdadera razón de ser.
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