Veinticinco años no es nada

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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5 de septiembre de 1993. Ha finalizado el encuentro por las eliminatorias al mundial de Estados Unidos entre Argentina, local, y Colombia.
Las cámaras de la televisión enfocan a Diego Maradona que, entre admirado por el juego de los colombianos y resignado por el insólito resultado, aplaude con un gesto triste, como miles de argentinos en las tribunas del Estadio Monumental. Esa afición, eximia conocedora del buen fútbol, vio cómo la alegría de nuestra cumbia opacaba sin atenuantes al orgulloso tango. Cinco latigazos al corazón gaucho desgarraron el alma de un país futbolístico que, por cuenta de esa derrota, debió entrar al Mundial por la puerta de atrás, por la misma que humillada saldría Colombia, primera eliminada del torneo, y el mismísimo Diego, expulsado por dopaje.

4 de septiembre de 2018. José Néstor Pekerman anuncia que no renovará su contrato con la Federación Colombiana de Fútbol, dando por terminado un deslumbrante ciclo para nuestro fútbol, con resultados jamás logrados previamente, cifras incuestionables y actuaciones fantásticas, con momentos de incertidumbre, yerros y algunos asuntos oscuros nunca aclarados. También, con toda una colección de figuras del fútbol mundial admirablemente potenciadas por José, y una camada de figuras que pide pista en la tricolor desde encumbrados escenarios internacionales. La salida de Pekerman, quien nos regresó a los mundiales, se da en medio de rumores, acusaciones veladas del técnico a sectores deportivos y periodísticos, y una declaración del cronista deportivo Javier Hernández Bonnet, que parece dar luces a la decisión del entrenador argentino; el comentarista invita a ciertos protagonistas a quitarse las máscaras.

Han pasado 25 años de altibajos del futbol colombiano después del triste paso por Estados Unidos y la tragedia del asesinato de Andrés Escobar, epílogo luctuoso de la que pudo ser la mejor selección colombiana de la historia; lo tuvo todo. Igual que entonces, el romance de la selección termina en penosa ruptura. Con el padrinazgo de Brasil y el parentesco de Uruguay, Paraguay y Perú, Colombia es hija futbolística de Argentina. Desde tiempos lejanos, sus historias se entrecruzan ineludiblemente. En nuestras etapas primigenias, los clubes colombianos se alimentaban de jugadores sureños; hoy, también los nuestros son figuras en los legendarios campos argentinos. No hace mucho, Argentina era el obligado trampolín para los futbolistas nacionales que aspiraban ir a Europa. Los entrenadores argentinos fueron los gestores de inolvidables equipos: cómo desconocer a Pedernera, Zubeldía, Bilardo, Pancho Villegas, Urriolabeitia o Gareca, que fueron, junto con algunos uruguayos y paraguayos, el espejo de técnicos nacionales como Maturana, Bolillo Gómez, Suarez, Pinto, Rueda, Osorio y otros más que se han destacado en ámbitos internacionales. Ya no somos cenicientas y hoy es motivo de orgullo capitanear el barco colombiano. Desde esa gloriosa gesta de 1993, era impensable un técnico extranjero al mando de la tricolor. Pero los asuntos internos, la interferencia de ciertos periodistas, de visión derrotista o de compadrazgos inaceptables, caldearon tanto el ambiente que los resultados deportivos obligaron a buscar técnico por fuera de nuestras fronteras. Por ello se elige a Pekerman.

Hoy, el panorama es tan sombrío como cuando José asumió la selección absoluta. Algunos se frotan las manos por la dimisión de José y otros apuran el nombramiento de determinados entrenadores. Señores de la Federación: sabemos que ese es un negocio privado, pero también es verdad que la selección es del pueblo: es el que paga las boletas, el que enciende televisores, el que escucha la radio, el que comenta en las esquinas y el que asiste a los comercios a consumir productos de los patrocinadores, el que adquiere las últimas tecnologías audiovisuales y el merchandising, y paga las suscripciones a las teleoperadoras. No pueden ustedes defraudar al país.

Pekerman deja un punto alto, un prestigio incuestionable. Se barajan varios nombres de clase mundial, y es aventurado arriesgar nombres. No obstante, se necesita un técnico de categoría, a quien los jugadores, los directivos, los medios y la afición respeten; que corte las injerencias nocivas; que entienda nuestras particularidades, historia y necesidades, pero sobre todo, que capitalice un trabajo meritorio que puso a Colombia en sitiales de respeto. Ya no podemos conformarnos con clasificar a los mundiales: Las metas deben ser mucho más ambiciosas; hay con qué.
Apostilla: Buen trabajo de Arturo Reyes con la Selección Colombia frente a Venezuela.