El riesgo agropecuario

Columnas de Opinión
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El reciente reporte de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en ingles), indica que debemos prepararnos para enfrentar un nuevo fenómeno de “El Niño” desde noviembre hasta junio del año entrante.

Si los ministros de las carteras de Hacienda, Minas y Energía, Medio Ambiente, Vivienda y de Agricultura, no activan rápidamente los planes de contingencias para mitigar el impacto de esta larga sequía, vamos a iniciar un 2019, con racionamientos de agua, incremento de los precios de la energía, incendios forestales, reducción de la oferta de alimentos y disparada de la inflación.

Sin duda alguna, el sector más afectado será el agropecuario y por ello habrá que tomar acciones preventivas inmediatas para mitigar la caída en las producciones agrícolas, ganadera y forestal. El tema es preocupante, pero hay que verlo más como una oportunidad que una amenaza, para poder reformar las politizadas Corporaciones Autónomas Regionales, la ineficiente oficina de prevención o más bien, de notificación de desastres y los perversos instrumentos de ayudas que se entregan bajo criterios políticos y de manera tardía.

Es una buena oportunidad para reformar los instrumentos financieros de fomento a la productividad agropecuaria. Debería activarse, por ejemplo, una línea de crédito para la Agroindustrial y las Cooperativas Agrarias, con baja tasa de interés y garantía del Estado, para que puedan trasladar esos recursos con los beneficios financieros a sus proveedores de materias primas o afiliados, con el fin de mejorar la productividad y calidad de sus productos. Esto permite fortalecer las cadenas productivas, incentivar la agricultura empresarial, reducir costos financieros y mejorar la cobertura de los créditos al sector productivo.

También debe activarse un plan de normalización de pasivos financieros que permita ampliar los plazos y periodos de gracias a todos los créditos de aquellos productores que han visto afectados sus producciones e ingresos por factores climáticos, fitosanitarios o de precios de mercado. Esta medida, evita la quiebra de los productores, mejora sus flujos de caja para nuevas inversiones en el campo y le ahorra al Estado un enorme gasto fiscal en futuras compras de carteras siniestradas al sistema financiero.
Igualmente, es un buen momento para cambiar el ineficiente esquema de administración de los distritos de riego de la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), por un sistema de Alianza Pública Privada con tarifa subsidiada para poner a operar eficientemente los 80 distritos de riego existentes en el país y construir los nuevos embalses y canales de riego que se están requiriendo en varias zonas agrícolas del país.

Asimismo, se debe modificar el ineficiente sistema de seguros agrarios. Hay que crear un esquema como el Agroseguros de España, para aumentar la cobertura, reducir costos y estabilizar la renta de los agricultores.

La biotecnología agrícola también requiere un revolcón urgente. Llegó el momento de crear una gran alianza con Acosemillas, Agrobío, el Ciat y la Cámara de Procultivos de la Andi, para trabajar unidos en la creación de nuevas semillas y prácticas agrícolas que se adapten al cambio climático.
Llegó el momento de actuar, los calendarios de siembras y los riesgos climáticos, no saben de trámites ineficaces.