Guerras por Internet

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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De repente, el computador queda sin conexión y la oficinista suspende su trabajo. Mientras regresa la señal, sale y pide un café en un establecimiento comercial pero no puede pagar con su tarjeta: “no hay sistema”, le informan. Sale entonces a la calle en busca de su café y se encuentra con un caos vehicular; los semáforos están apagados.
Los pitos ensordecen y hay vehículos paralizados que estorban la libre circulación de los otros. Algo extraño sucede; saca su celular para informarse, pero no hay señal de internet ni de radio. Poco después, hay corte masivo de energía eléctrica, y la gente que ha salido de los edificios a la calle está muy nerviosa; en todas partes pasa lo mismo. Hay personas atrapadas en los ascensores de los edificios y las baterías de reserva no funcionan; las sirenas de emergencia de los edificios y los vehículos suenan. Hay anarquía y todo está paralizado. De repente alguien grita: “¡Nos declararon la guerra!” ¿Película de ficción o la siguiente realidad?

Las próximas guerras se librarán con robots, satélites y armas inteligentes, pero el internet será un instrumento fundamental. Desde los años 90, el desarrollo de la red ha sido exponencial en posibilidades, accesibilidad, recursos, información y contenidos, capacidad de almacenamiento y velocidad de transmisión de datos. Hoy, todo el planeta está conectado a la red, y todas sus funciones vitales están gobernadas desde allí. Su creación en los años 60 tuvo el propósito de conectar computadores y crear una red de comunicaciones.

El primer uso fue militar; las primeras conexiones aparecen en los 80. En los 90 se creó la www, que se abrió a usos civiles, y lo que aparecía como exótico, poco a poco se popularizó. Cada computador se conectó a esa red, cada vez más amplia y potente. Se desarrollaron sistemas para hacer más fluida y fácil su utilización, las páginas son más fáciles y completas, las aplicaciones llegan a todo lo imaginable, y finalmente, todo quedó interconectado. Ahora, dispositivos de consumo como los celulares, GPS, automóviles, electrodomésticos o cámaras de seguridad están entrelazados, al igual que aparatos industriales para ambientes corporativos como grandes servidores que manejan información, transacciones, redes sociales, salud, medios audiovisuales o administración de infraestructura ferroviaria, aérea, de comunicaciones o energía eléctrica, entre muchísimas aplicaciones.

Hoy se realiza el análisis de tan voluminoso tráfico de información para la toma de decisiones basándose en análisis de datos relacionados mediante potentísimos servidores operados con sistemas de inteligencia artificial. Todo lo que procesamos en nuestros dispositivos queda registrado en la red; estamos literalmente expuestos. Los analistas estudian comportamientos generales y específicos de personas y sociedades, investigando cualquier tendencia en cualquier materia. Desde las redes sociales, las conexiones entre personas o máquinas y sensores digitales repartidos por todo el planeta, militares, policiales y civiles captan información de casi cualquier cosa que se nos ocurra, datos dispuestos a ser analizados.

Pero este internet apenas uno de varios, bastante complicados por cierto. La “deep web” (internet profunda) es una red oculta no indexada en los buscadores habituales, opuesto a nuestro internet “superficial”, difícil de monitorear y rastrear. No todo es allí ilegal, pero hay comunicaciones y transacciones peligrosas, espionaje y sabotaje, además de otras actividades delictivas. Además, los hackers y crackers permanentemente buscan fisuras de seguridad en cualquier red.

Sabiendo que este internet pertenece al mundo occidental, Estados Unidos especialmente, China y Rusia están creando sus propias redes, ajenas al control de Occidente, para evitar influencias externas. Inicialmente conectarán a los BRIC (Brasil, China, Rusia, India y Suráfrica) con fines comerciales, pero también tendrán propósitos militares sin intromisión norteamericana, asegurándose que sus propias redes queden conectadas sus satélites, servidores, computadores, misiles, drones y vehículos militares de ataque y defensa. Esas redes jamás se tocarán con las estadounidenses.
De cualquier manera, atacar el internet ajeno es un objetivo de guerra, así como defender el propio: Entonces, ¿habrá penetración en la redes enemigas mediante espionaje, sobornos, hacking y cracking, o ataques desde las redes propias? ¿Se lanzarán misiles o rayos laser a satélites maestros, o sabotaje a servidores? No lo sabemos pero sí está claro que el bloqueo de las redes hace vulnerables al enemigo. Soterradamente, hoy se libran algunas batallas militares informáticas. Los civiles estamos a merced de los programadores, militares y gobiernos indecentes.

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