No basta pedir perdón.

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Escrito por:

Wilfrido De la Hoz

Wilfrido De la Hoz

Columna: Opinión

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El acuerdo final o acuerdo de paz negociado entre la República de Colombia y la República de las Farc es para la gran mayoría de colombianos un camino lleno de hojarasca, aunque para muchos otros ha sido, y seguirá siendo, una buena estrategia para acallar los fusiles de los alzados en armas. 

Esa hojarasca no permite ver el camino, en su concepción plena. En el documento que recoge lo acordado se describieron algunas condiciones que los desmovilizados deberían cumplir. “…el Gobierno, las Farc-EP y diferentes sectores de la sociedad que puedan haber tenido alguna responsabilidad en el conflicto, reconozcan su responsabilidad colectiva por el daño causado y pidan perdón, asumiendo cada uno lo que le corresponde…”.  Se acordó pedir perdón.  

Para las víctimas, cuyos familiares fueron asesinados o desaparecidos, ¿les servirá para algo que les pida perdón? Porque eso de pedir perdón se ha vuelto tan insignificante que hasta de moda su puso, pedir perdón. Lo oímos todos los días a todos los infractores del ordenamiento jurídico decir descaradamente: “Pido perdón”.  

¡No basta! Así pregona el cantante ítalo-venezolano Franco de Vita su desacuerdo con algunos comportamientos de la vida social. Cada día se lee en las redes sociales muchos comentarios al respecto. Mientras que para algunos ¡no basta! que les pidan perdón para calmar su dolor; otros se contentan porque consideran que, por lo menos, reconozcan el daño irreparable que les causaron, y otros, atribulados por su extrema pobreza aceptan el perdón pedido, con tal de recibir algún dinero a manera de reparación. 

Todo eso era de esperarse, en medio de una negociación oculta, sin antecedentes históricos como para prevenir consecuencias, y sobre todo, cargada de controversias políticas, por la cual los negociadores apartaron sus oídos y miradas de opositores a la manera de negociar algunos puntos anunciados; considerándolos enemigos de la paz. No obstante, hubo acercamiento a ellos, después de firmado el acuerdo y sometido a consideración del pueblo, lo que, a pesar de haber sido rechazado en ese ejercicio electoral, no surtió mayores ajustes al acuerdo inicial. 

Actualmente, la Iglesia Católica está atravesando el Niágara en bicicleta, cuestionada por tirios y troyanos, debido a la acusación de pederastia a algunos sacerdotes. El Papa, en su sabiduría divina, les ha obligado a pedir perdón o disculparse con las víctimas. Sin embargo, muchos feligreses consideran que la violación de niños la hicieron hace más de cincuenta años, ya para que pedir perdón. Igualmente está pasando con los agresores de niños en los colegios y hogares; lo mismo que agresores contra las mujeres y ancianos. A estos últimos nadie los ha obligado a pedir perdón. 

La cosa ha escalado a concepto de no poca monta, que hasta los corruptos también lo están haciendo (pidiendo perdón); lo mismo que los infieles y toda clase de personas cuyos comportamientos son tan indeseables que no basta acudir a esa figura, medio mentirosa a veces, para que los ciudadanos puedan conceder un perdón sincero que alivie la ofensa y el dolor causado. 

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