Mea culpa anticorrupción

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Escrito por:

Alonso Amador

Alonso Amador

Columna: Opinión

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La lucha contra la corrupción en Colombia ha sido tan hipócrita como la que se libra contra las drogas: los mismos que la consumen, se enriquecen de ella, y acceden al poder en su favor, son los mismos que aparentan combatirla.
Un fiscal anticorrupción extraditado a Estados Unidos por corrupto, una justicia que adolece de jueces y operarios judiciales que comercian los procesos y las sentencias, los políticos en todos los niveles del poder robándose los recursos del Estado, y se perdieron las esperanzas por la juventud del nuevo gobierno: acaba de nombrar de embajador en la OEA a Alejandro Ordóñez, un sujeto a quien por corrupto el Consejo de Estado le anuló la reelección como Procurador. No hay corrupto que llegue al poder político diciendo que va a robarse los recursos públicos, ni asumiendo un cargo público jurando violar la Constitución y las leyes. Al contrario, todos aparentan la más solemne pulcritud y se obligan, bajo juramento, a cumplir y hacer cumplir todas las normas habidas en la pirámide legal colombiana.

Pero abordar la corrupción en nuestras instituciones como si se tratara de un fenómeno cuya responsabilidad fuera solamente de quienes ostentan el poder político e institucional, es eludir la responsabilidad que nos asiste como ciudadanos por la proliferación de la corrupción en todas las instituciones del país. Soslayando esto, olvidamos, consciente o inconscientemente, que somos titulares de la herramienta más poderosa de cualquier sistema democrático: el voto popular.

Desde luego la votación obtenida por la Consulta Anticorrupción fue importantísima, fueron casi 12 millones de personas manifestándose contra la corrupción sin algún tipo de estímulo utilizado en la política tradicional. Es un mensaje ciudadano que no puede entenderse como una derrota. Pero es una posición ligera salir con triunfalismos creyendo que hay casi 12 millones de personas que en efecto rechazan la corrupción. Y digo en efecto porque todos decimos no querer más corrupción política, pero, ¿qué hacemos para evitarla si la única herramienta habilitada para combatirla la utilizamos para darle el poder precisamente a quienes se benefician de la corrupción? No fueron 12 millones de extranjeros traídos a votar la Consulta, ahí se encuentran también quienes teniendo opción de escoger un Congreso y un gobierno menos corrupto, votaron por los herederos de Agro Ingreso Seguro, Odebrecht, de Reficar, y de la dirigencia política condenada por corrupción en todo el país.

De modo que la Consulta revela, además de una ciudadanía que dice estar cansada de la corrupción, una enorme e inextricable contradicción al menos en lo que estamos entendiendo por corrupción política, pues habiendo tenido opciones menos contaminadas como Fajardo, De La Calle, o Petro, 10 millones de compatriotas eligieron la opción política que reunía a todos los herederos de la corrupción que acabo de mencionar. Entonces, Fajardo apoyado por 4.5 millones de personas, Petro en segunda por 8 millones de ciudadanos, se pregunta uno, ¿dónde estaban esas 12 millones de personas?Así que no podemos apresurarnos a decir que somos casi 12 millones de personas que queremos un verdadero cambio, existe una contradicción que distorsiona la eficacia del voto ciudadano y eso hay que tenerlo en cuenta.

Además, no podemos olvidar que en esta ocasión no se votaba por una persona sino por siete propuestas, así que a la hora de proponerles a esas 12 millones de personas respaldar candidatos de opciones políticas que garanticen una verdadera lucha contra la corrupción, una parte podrá, debido a esta contradicción, desviarse a respaldar candidaturas de estructuras políticas añejas, tradicionales y corruptas. Por lo tanto, si el fin de los casi 12 millones de colombianos es combatir la corrupción política, el único medio para hacerlo es el voto. La verdadera consulta anticorrupción se realizará nuevamente cuando tengamos que votar para escoger Presidente, congresistas, alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles.

Con la mera queja no resolveremos nuestros problemas de corrupción, tampoco se solucionaban con la Consulta. Es necesario actuar, dejar el miedo a hablar de política, participar activamente y tratar con disciplina todos los asuntos políticos que nos afectan para votar organizadamente por mejores dirigentes.

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