Goyenecheando ando

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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El célebre loco Goyeneche, eterno candidato presidencial, hacia propuestas de las cuales decía la gente que no convencían, pero que por lo menos entusiasmaban.  Propuso pavimentar el rio Magdalena, colocarle una cúpula a Bogotá para la lluvia y construir las calles en bajada para economizar gasolina.  La propuesta de reforma tributaria de Carrasquilla constituye un homenaje póstumo a Goyeneche.  Con una gran diferencia, las propuestas de Carrasquilla ni convencen ni entusiasman.  Mis reservas frente al nombramiento de Carrasquilla se están materializando, pero todavía no es tarde o para que enmiende el rumbo o para que Duque prescinda de sus servicios.

Comencemos con el impuesto a las empresas.  Es cierto que para darles competitividad hay que bajarles la carga impositiva y prestacional.  Lo que no es cierto es que el solo hecho de bajar los impuestos va a llevar a las empresas a generar más empleo.  Mejorar la competitividad no necesariamente implica contratar más gente, ya que una modernización e inversión en tecnología puede llevar a las empresas a prescindir de empleados.  Pero aún más importante, las empresas no deciden con base en los impuestos sino con base en la percepción de riesgo a futuro en los mercados. Los empresarios no van a producir si no hay demanda por sus productos.  En principio, el camino correcto es reducirles los impuestos a los empresarios, pero no con base en las justificaciones goyenechescas del ministro.

El problema surge cuando el ministro dice que para cubrir el faltante de las empresas, entonces hay que trasladarles la carga a las personas naturales, y que según él, en los Estados Unidos el 85% de los ingresos tributarios del gobierno federal provienen de los particulares.  Premisa equivocada, ya que solo alrededor del 50% de las personas naturales pagan impuesto a la renta y de ese porcentaje, la mayor parte es pagada por el top 20% de altos ingresos.  Las personas naturales también merecen una rebaja de impuestos, ya que el consumo es un importante motor de la economía.  Hay dos motores: los consumidores y las inversiones o bien de las empresas o del gobierno, pero la más confiable es la de los consumidores.  De hecho, dejando de lado la lógica goyenechesca de Carrasquilla, si se le quita poder de consumo a las personas naturales, la demanda interna por bienes y servicios cae y los empresarios no se animarán a producir más.  Las condiciones internacionales no hacen pensar que nuestros empresarios cuenten con un mercado externo.

Bien que quite el cuatro por mil, ya es suficiente.  Pero pésima la idea de ponerle IVA a toda la canasta familiar y salir con el cuento de que por otro lado se les devuelve el IVA a los pobres.  A ver ministro, su idea es desvirtuar la naturaleza del impuesto indirecto y convertirlo de hecho en uno directo que no tenga efectos regresivos sino progresivos.  Usted está loco.  La belleza de los impuestos indirectos es su simplicidad y facilidad de recolección y bajos costos administrativos.  Lo que usted plantea le quita la simplicidad y requiere una burocracia para poner en práctica sus objetivos.  Deshace con la izquierda lo que hace con la derecha.  Lo correcto es bajar el IVA alrededor del 9%, excluir la canasta familiar, y aplicarlo a todos los otros bienes y servicios.

Lo primero ministro, es reducir el gasto del gobierno y eliminar ministerios y entidades que no son esenciales. 

Si la preocupación es la equidad, entonces deben pagar la mayor parte de los impuestos las empresas y las personas naturales que están ubicadas en las zonas y ciudades donde el estado tiene presencia efectiva y está proveyendo los bienes públicos.  ¿Cómo justifica uno que una persona en el Choco pague los mismos impuestos que una en Bogotá cuando en el Choco no hay escuelas, ni carreteras ni nada?  Más aun, ¿por qué girarles un cheque en blanco a los empresarios si la idea es que generen empleo?  Que paguen y se les devuelve un porcentaje cuando demuestren que crearon empleos.

Por otro lado, tenemos que ponernos serios.  El cuento de la economía naranja entusiasma pero tampoco convence.  Eso no es serio.  Ningún país se ha desarrollado sin industrialización.  Llamo tanto al presidente y su equipo a gobernar con pragmatismo.

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