Dieta rica en glifosato

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Tristemente, Colombia transita en contravía de toda evidencia, lógica y objetividad en la lucha contra las drogas. Nadie puede discutir el daño que causan las drogas en los individuos y las sociedades, pero la mejor respuesta, probada científicamente, es la prevención de su uso mediante la educación, la despenalización del consumo, la legalización de los cultivos y la industrialización, y la penalización del tráfico ilegal. Jamás, la represión extrema, la violencia y el prohibicionismo.

La guerra contra las drogas fue una iniciativa de Richard Nixon en 1971, cuando desconoció el informe de la Comisión Shafer, que evaluó las acciones de los Estados Unidos para combatir el tráfico y consumo de marihuana, abastecida por México y Colombia. El informe indicaba que, para aquel entonces, no existía relación entre el cannabis y la criminalidad; determinó también que el alcohol es más peligroso que la marihuana, y que el uso personal de ésta debería descriminalizarse. Por aquellos tiempos, entre la Guerra de Vietnam y la contracultura, el consumo de drogas en Estados Unidos y especialmente de marihuana, alcanzó proporciones jamás conocidas. Nixon penalizó el consumo en territorio gringo y fomentó la ayuda militar a países productores para combatir las drogas desde la fuente. A contramano, el atroz Proyecto MK Ultra de la CIA para el control mental (suministro de drogas, principalmente a estudiantes universitarios y a muchas otras personas sin su conocimiento y consentimiento para “lavado de cerebro”, violando cualquier código ético) incentivó el uso del LSD.

La aspersión con glifosato fue una consecuencia lógica ante el crecimiento del consumo, que a su vez incrementó los cultivos. En Colombia se conocen los devastadores efectos del tóxico producto. El defoliante asperjado actúa contra los cultivos ilícitos, claro está, pero también contra todo lo que los rodea. Cae al suelo y lo daña, y es arrastrado a distancia por aguas lluvias y el viento. Además, los cultivadores se trasladan a lugares destruyendo la vegetación nativa virgen. Una catástrofe ambiental...

La estupidez de Nixon disparó el consumo de la cocaína. Además, debido a la contaminación con el glifosato, los consumidores gringos prefirieron producir su propio cannabis, pasando de cultivos artesanales a toda una industria, que va desde semillas mejoradas hasta productos terapéuticos aprobados oficialmente. En varios estados se permite el uso recreativo y medicinal; la industrialización del cannabis genera jugosos ingresos como medicamento, fibra y aceites. Tal como se usó siempre antes de la prohibición, con su violencia, prejuicios estúpidos, ignorancia crasa y generosos negocios para unos pocos. La coca, la amapola y otras plantas fueron usadas medicinalmente desde la antigüedad hasta la prohibición. Colombia mantiene la lucha militar contra el problema social de las drogas, y el presidente Duque pertenece a la corriente prohibicionista. Otros países productores combaten el tráfico ilegal de drogas, usándolas legalmente para producir medicamentos necesarios en la medicina moderna, como los anestésicos locales, los opiáceos y otras sustancias. Una industria muy productiva, por cierto.

Jamás aprobaremos ni estimularemos el uso de drogas. Hay que perseguir, sí, el tráfico ilegal. El consumo es un asunto sanitario y no criminal, y como tal debe tratarse. Estados Unidos acabó con el problema del alcohol legalizándolo tras varios años de prohibición. La prevención para enfrentar el flagelo de las drogas es mediante la educación en los hogares y las escuelas, con políticas estatales específicas. Hay que formar a los chicos, obviamente, pero también proporcionar empleo digno a los padres, promover la recreación y el deporte, la cultura y los valores. Por ahora, vamos por caminos equivocados: demasiada farándula, poca educación, empleo precarizado, y familias que se destruyen rápidamente. Entonces, ¿más glifosato y más bala para ese drama social? Esa no es la respuesta. Basta seguir dos noticias recientes: Monsanto fue condenada con una millonaria indemnización por un cáncer debido al peligroso agente. Por otra parte, una organización ambiental encontró niveles de glifosato superiores a los permitidos en 31 de 45 muestras del cereal que se consume a diario en muchos hogares. ¿Se habrán analizado verduras, frutas, legumbres y carnes con resultados similares? ¿Estamos dispuestos a dar a nuestros hijos dietas ricas en glifosato? ¿Seguiremos matándonos para beneficiar negocios extranjeros no siempre inocentes? ¿O aprovecharemos la demanda mundial de productos lícitos derivados de esas especies, hoy ilícitas? Esperemos que el nuevo gobierno tome las mejores decisiones.

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