Capítulo cerrado

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lafaurie Rivera

José Lafaurie Rivera

Columnista Invitado

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De mi padre y de un “maestro”, Álvaro Gómez, aprendí que la política no es cuestión de “intereses”, sino de “causas” en las que creemos profundamente. Entonces ganar pasa a un segundo plano. Álvaro quiso servirle al país desde la presidencia y, siempre, “el régimen” se lo impidió…, siempre perdió, pero sus causas, aunque le costaron la vida, siguen vivas.

Con esa óptica cierro el capítulo de mi aspiración a la Contraloría como candidato del Centro Democrático.

Aplaudo la posición del presidente Duque. La elección de contralor dependía en gran parte del “guiño presidencial”, una especie de “banderazo” para que los políticos negociaran sus intereses. Los que lo esperaban se quedaron con los crespos hechos, y el presidente dio una lección moral  de independencia sin precedentes.

Yo no me meto, fue su posición. El ciudadano Duque puede preferir un candidato, pero al presidente Duque le es indiferente, como debe ser, porque no es ético que el vigilado incida en  la elección de su vigilante.

Su propuesta triunfadora giró alrededor de esa independencia moral, porque el país está harto de la repartija del Estado, que nos han vendido como necesaria para “la gobernabilidad”. Entidades, contratos y ministerios a cambio de “apoyos” para que la agenda legislativa fluya y se pueda “gobernar”.

Duque empezó bien con un gabinete técnico y representativo de las regiones, que no de los caciques regionales. Siguió bien al marginarse de la elección de contralor, y lo hará mejor si no cede a la presión de la clase política.

Le oí decir a una ministra que si se pretende bloquear la agenda legislativa, el presidente gobernaría con el marco normativo existente. La aprobación del presupuesto será una prueba de fuego, pues siempre ha sido el gran mercado del trueque de apoyos por mermelada, con amplia oferta de “cupos indicativos”. Si en esta ocasión el presidente no cede, así le toque apelar a la dictadura fiscal, el país aplaudirá. 

Al nuevo contralor le deseo éxito. Ocho años de corrupción y mermelada rompieron la indiferencia de los colombianos, y él no puede desoír ese clamor, así haya sido elegido con los votos de los mismos que participaron en la repartija de puestos y contratos.

El Centro Democrático, donde seguiré teniendo grandes amigos, es un organismo vivo que aprenderá de sus experiencias, pero no obró bien en el proceso, porque la política se debe hacer con coherencia, y no le mostró eso al país con el abrupto cambio entre la votación interna que me apoyo mayoritariamente, y la posición asumida horas después en el Congreso.

Aun así, yo no he estado en el partido por figuración o por el orgullo vano del poder, sino por militancia ideológica, porque comulgo con sus causas y sus valores. Y mientras el Centro Democrático siga encarnando esas causas en las que creo profundamente, allí estaré…, y capítulo cerrado.

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