Coherencia

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Escrito por:

María del Rosario Guerra

María del Rosario Guerra

Columna: Opinión

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En su esencia, trabajar para el Gobierno colombiano es un honor, un privilegio y una responsabilidad sin par: significa servir a todos los ciudadanos con transparencia, sacrificio y la convicción de que cada acción tendrá consecuencias en nuestros compatriotas.

En la práctica, durante los anteriores ocho años hicieron carrera en la administración de Juan Manuel Santos la corrupción, el amiguismo y las conveniencias particulares para seleccionar a quienes trazarían el rumbo de la gestión pública.

Por fortuna, la llegada del presidente Iván Duque a la Casa de Nariño ha significado un cambio veloz y positivo para el país a ese respecto. Todo comenzó con su equipo. Cumpliendo los compromisos, estableció un gabinete paritario de mujeres y hombres; y un grupo de personas capacitadas para estar al frente de institutos, departamentos y consejerías. Asignó funciones concretas para devolverle el rumbo a Colombia. A eso llamo coherencia.

Y coherencia es que quienes hacen parte de ese grupo de líderes coincidan con los principios que llevaron a más de 10 millones de colombianos a elegir presidente a Iván Duque el pasado 17 de junio.

Lluevan, truenen o relampagueen críticas y debates, estoy convencida de que quienes han atacado las políticas del Centro Democrático y de su líder, el presidente Álvaro Uribe Vélez, quienes no comparten el trabajo de nuestra bancada, quienes promueven la cultura de la muerte, quienes respaldaron la impunidad obsequiada a criminales por Juan Manuel Santos, quienes guardaron silencio ante la repartija de “mermelada” y quienes pretendieron imponer la ideología de género en las instituciones educativas, no deberían estar buscando cargos en este Gobierno.

Es simple: entre más capacitados, más coherentes deberían ser. Un buen funcionario, un técnico de verdad, no debe moverse al vaivén de la coyuntura. Su misión es cumplir con las metas asignadas, en el área asignada y sin utilizar su posición para señalar, criticar o pretender destruir posiciones o propuestas políticas. Es decir: Un técnico no hace política y no usa el cargo para promover ideologías.

Sé que algunos intentarán utilizar mis palabras para pretender fracturas entre el presidente de todos los colombianos y su partido. Seguirán arando en el desierto. El Centro Democrático, los millones de ciudadanos que lo respaldan en las urnas, sus congresistas, diputados, alcaldes, concejales, gobernadores, ediles, en fin, todos sus militantes, estamos junto a Iván Duque para respaldar cada una de sus iniciativas y proyectos… para construir un futuro para todos. Somos coherentes con lo que nos ha inspirado durante todos estos años. Es lo mínimo cuando de defender los intereses de la Patria se trata. 

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