Vida a los páramos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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Tras aprobar el Congreso de la República la Ley de Páramos, ésta se perfila como la norma indicada, deseada, más esperada por los ecologistas y amantes de la naturaleza; norma que fue liderada desde sus inicios por el partido Mira y que desde una década atrás venía intentando. Son 37 las áreas paramunas que existen en el país y se espera muy pronto su delimitación.

Esta Ley le pone tatequieto a gobiernos nacionales que quieran entregar a empresas multinacionales  los recursos naturales mediante la concesión; además, restringiendo actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en estas fábricas naturales de agua; también proscribe  expansiones urbanas y suburbanas en esos territorios y el uso de maquinaria pesada para actividades agropecuarias. Según el Instituto de Investigaciones de Recursos Biológicos “Alexander Humboldt”, Colombia tiene 2 millones 906.137 hectáreas de este tipo de ecosistemas, que equivalen al 2.5 del territorio nacional. El artículo 4 de la Ley en referencia señala que la delimitación corresponderá al Ministerio de Ambiente y al Instituto Alexander Humboldt.

Es aquí donde se presenta la controversia con las comunidades que viven allí; pues, no querrán salir, ya que explotan esos ecosistemas. Son 25 mil personas que se dedican en estos territorios a la minería tradicional. No nos imaginamos el agua que se produce en esos ecosistemas y la que se está afectando por esta situación que impregnan de mercurio el agua al tratar de obtener el oro por parte de mineros artesanales, sin pensar en las consecuencias de quienes desde la parte baja, beberán esa agua.

 Existen otras prioridades que reflejan las preocupaciones que día a día emiten las autoridades por la tala indiscriminada a la  que son sometidos los bosques en éste país, especialmente en estos ecosistemas, fuertemente azotados desde hace décadas  y que tenemos que rescatar, cuidar y conservar,  mediante acercamientos de buena fe, reglas objetivas y cumplimiento de garantías. Consideramos que en esos sitios a más de 3 mil 800 metros de altura, nada tiene que hacer el hombre allí; pues solo llegará a causar daño. Un ejemplo ilustrativo de este flagelo lo configura el deterioro despiadado que presenta hoy el parque Isla de Salamanca, donde invasores sin escrúpulos queman sus manglares para convertirlos en carbón y al mismo tiempo impulsar dolosamente la invasión de esos predios.

Con esta reflexión solicitamos al Geólogo Ricardo Lozano, Ministro de Ambiente ejecutar cuanto antes, cumplir la normatividad en su totalidad. Debemos refrendar el compromiso con énfasis en el interés colectivo, aunque ante ésta problemática sabemos que existen rescoldos encendidos en condiciones y circunstancias  disimiles, pero que debemos   vencer para orientar los esfuerzos en la protección ambiental por excelencia.

El deterioro medio - ambiental, entendido como deforestación, quema de bosques, es un hecho inocultable y preocupante, pobre y vergonzante que no debemos pasar por alto. En este sentido todos los ambientalistas y ciudadanos en general, debemos tener la disposición de encontrar fórmulas que permitan asumir decisiones  con una visión de futuro, que contribuya a una verdadera concientización y sensibilización por lo natural. Tenemos que entender que si unos pocos afectan estos ecosistemas, los más perjudicados seremos todos. Por fortuna ya existe la Ley; se requiere aumentarle el sentido de pertenencia e incentivar la apropiación de la cultura ambiental de manera armónica y constructiva, según dispone nuestra Carta Magna.

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