Una reflexión política

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alonso Amador

Alonso Amador

Columna: Opinión

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A propósito de las celebraciones del 20 de julio y del 7 de agosto, quise reflexionar un poco sobre el desdén político propio de nuestra generación versus la poderosa voluntad de actuar que debieron sentir nuestros compatriotas, en ese entonces, para cambiar el destino político de nuestra nación.
En igualdad de condiciones, si a nuestra generación le hubiera tocado aquella época, ¿habríamos buscado nuestra independencia? ¿Habríamos librado la Batalla de Boyacá?
Cualquiera sea la respuesta que se dé, lo cierto es que pertenecemos a una generación que cree que la política es un asunto de otros y que puede vivir completamente desconectada de los asuntos políticos del país, del departamento, de la ciudad, hasta del barrio. Una generación en la que gran parte prefiere no intervenir en política, pero despotrica juiciosamente en las redes contra todos los políticos, desde Duque hasta Petro; cualquier cosa que se diga o se haga en política, ahí está siempre listo un comentario de queja. Pero, ¿qué cambia con eso?

Sí, hay demasiada corrupción en la política y en todos los niveles institucionales del país, desde un congresista hasta un miembro de junta de acción comunal; desconfiamos de nuestros políticos y de nuestras instituciones, especialmente de la justicia, pero, aparte de renegar en redes y en tertulias, ¿qué esfuerzos políticos estamos haciendo como ciudadanos para cambiar esta realidad que consideramos adversa para nuestro país?

Es una generación más informada, que reconoce que tenemos serios problemas con nuestros políticos, con la política, y con nuestras instituciones en general, pero que se limita a la queja; llega incluso a proponer soluciones acertadas, pero no pasa de la contemplación y de la mera sugerencia de alternativas.

En este rango entran desde ciudadanos de buen sentido común sobre la política hasta personas muy estudiadas en diversos saberes. Y esto debería, al menos, llamar la atención, pues si los ciudadanos que analizan con buen criterio las complejidades sociales, económicas y políticas del país no son capaces de organizarse para actuar y mejorarlas, ¿quién lo hace? Esta es quizás la razón por la cual abundan los malos gobernantes, pues éstos sí actúan, para mal, pero lo hacen.

Si algo ha distinguido notoriamente a las nuevas generaciones de las que existieron en antaño en momentos álgidos para la historia patria de nuestro país, es precisamente que ahora la principal característica en términos políticos es la desconexión entre la política y la ciudadanía. Es momento de rescatar el valor que tienen los asuntos políticos del país para construir una mejor nación.
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