El faro sigue iluminando

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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En Santa Marta, capital y corazón del Magdalena Grande, hace sesenta años, uno de los tantos esfuerzos empresariales de Don Pepe Vives De Andreis cobraría vida.  No alcanzó a imaginar la enorme satisfacción que tío Pepe y todo el equipo humano que lo apoyó experimentaron al sostener y sentir en sus manos la primera publicación de EL INFORMADOR.  Era mucho más que un papel con letras y noticias para una sociedad todavía rural y con altos índices de analfabetismo; era sin duda un sueño, una visión país y región desde la orilla ideológica Liberal para un país todavía en búsqueda de identidad.

EL INFORMADOR es la única obra inconclusa de tío Pepe.  Pero no inconclusa en el sentido de no haberla terminado sino en el sentido de que sería más como una semilla germinada, de la cual era difícil predecir y visionar hasta la última hoja de la más alta de sus ramas, una creación con vida propia.

Ayer fue  un día grande para Colombia.  Celebramos el haber logrado la independencia de España y celebramos la llegada esperanzadora del Presidente Duque al Solio de Bolívar después de una prolongada oscuridad.  La llegada de Duque nos hace soñar con un país diferente, con un país nuevo, con un país de empresarios e incluyente; en síntesis, el país que probablemente tío Pepe soñó no solo para sus descendientes sino para todos los colombianos.  Pero más allá de soñarlo, tío Pepe trabajó arduamente como empresario y como gobernante para hacerlo una realidad.  Producto de este gran plan con muchos frentes, es este diario que ahora tiene en sus manos. 

Mucho se ha escrito y dicho sobre el papel preponderante que EL INFORMADOR ha jugado en el periodismo regional, pero no se ha dicho ni escrito lo suficiente sobre el esfuerzo empresarial que hubo y que hay detrás y que deben conocer las nuevas generaciones porque es inspirador.  En Colombia nunca ha sido fácil hacer empresa, pero las dificultades confrontadas hace más de sesenta años eran mucho mayores, a punto tal, que para ser empresario del periodismo, se requería un hombre mezcla de loco obsesionado, valor a toda prueba, visionario y gran inteligencia.  Todos los que lo intentaron en el Magdalena antes que tío Pepe fracasaron.  Para tener éxito en la gesta periodística se requería un Quijote exitoso capaz de ver oportunidades donde los otros solo veían riesgos insuperables.  Los grandes hombres no se amilanan ante la adversidad.

Visionar el país, quizás por lo que había vivido en los Estados Unidos, y creer que ese futuro llegaría, es la única explicación para entender por qué tío Pepe insistió, persistió y nunca desistió en mantener viva esta casa periodística.  Entendió que era necesario que la sociedad tuviera un medio de expresión escrito. Pensemos en ese país donde nació EL INFORMADOR y las preocupaciones lógicas del empresario: País mayormente analfabeta con pésimas vías de comunicación, donde había que aprender mientras se hacía, donde había que apoyarse en el talento humano que se pudiera encontrar y generalmente autodidacta, donde no era fácil acceder a la información y donde los costos de producción eran altos.  El empresario tenía el enorme reto de darle viabilidad financiera y comercial y el reto de vivir con la angustia permanente de operar a perdida por quien sabe cuánto tiempo hasta que se alcanzara el punto de equilibrio.  Los que disfrutamos de la libertad y de sus expresiones, como lo es EL INFORMADOR, poca veces nos detenemos a pensar, que todo esto fue logrado gracias al sacrifico enorme de unos pocos hombres.

Como si fuera poco, más allá de las vicisitudes empresariales, había que lidiar con la censura política y los cierres temporales de gobiernos autoritarios.  Sin embargo, era un sueño que no podía darse el lujo de morir porque con el morirían el ideal republicano y las ideas liberales enarboladas por un número creciente de colombianos.  EL INFORMADOR renació de las cenizas todas las veces que fue necesario para mantener vives esa llama libertaria, y hoy sigue tan relevante y tan vigente como el primer día que apareció en los anaqueles. 

El periodismo del Magdalena todavía no ha dimensionado en todo su valor la importancia que tío Pepe y EL INFORMADOR tuvieron y aún tienen en el periodismo de la región.  EL INFORMADOR es la cuna y ha sido el pilar del periodismo en el Magdalena, y esto no hubiera sido posible sin la perseverancia de tío Pepe. 

Para una obra inconclusa, sesenta años es tierna infancia, y apenas el tiempo necesario para convertirse en institución.  Mientras estén vivos los ideales que animaron su nacimiento, mientras el pueblo necesite una voz que se haga sentir, y mientras haya una pluma valiente, EL INFORMADOR seguirá vigente.

Gracias a esta casa periodística por la loable labor realizada en estos sesenta años y gracias a todo el equipo humano que apoya tan bonita labor.  Me uno a los afectos y a las voces de todos los que hoy los felicitan y los animo a continuar la gesta sin desanimarse.  Larga vida para EL INFORMADOR.

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