Sesenta años de vida, y tan campante

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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No se puede establecer cuándo fue exactamente concebido por Don Pepe Vives el diario decano del Magdalena Grande, pero sí está claro que el 7 de agosto de 1958 se marcó el hito primordial del periodismo escrito moderno de nuestro departamento.
Hubo en nuestro departamento creaciones previas que no florecieron: se dice que en el siglo XIX surgieron numerosas publicaciones que decayeron muy pronto, de las que apenas quedan registros históricos y algunos ejemplares manoseados y ajados en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá. Somos tan dados a olvidar nuestros orígenes y nuestro devenir histórico… Quedaron en aquellas páginas los registros de la República de Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia, y los principios de la Regeneración.

En el siglo XX las publicaciones seguían rumbo parecido; pero cada vez menos gacetas nacían y todas desaparecían inexorablemente. Registraban noticias importantes, temas sociales, económicos, cotidianos, en fin, todo aquello cuanto mereciera una nota periodística. Allí se registraron hechos históricos como la Guerra de los Mil Días, la separación de Panamá, la hegemonía conservadora, la República Liberal y la violencia -guerra fratricida entre los partidos dominantes de la que aún persisten rescoldos encendidos-, en condiciones y circunstancias distintas. Su frecuencia de publicación oscilaba entre quincenal y mensual, con mayor formalidad sí, pero con muchísimas dificultades técnicas y presupuestarias para su impresión, publicación y circulación.

Con la violencia surge Rojas Pinilla como fórmula resolutiva. Por esos tiempos, José Benito Vives de Andreis concibe la idea de un diario samario, magdalenense, regional. Una idea audaz en tiempos políticamente complicados y sin antecedentes por estos lares. Hace sesenta años, 7 de agosto de 1958, Don Pepe Vives celebraba el nacimiento del Informador, primer diario magdalenense diseñado para la región, vocero de las ideas libertarias del fundador. Desde entonces y sin interrupción sus páginas registran nuestro diario acontecer; es referente y lectura diaria en el departamento. En aquellos tiempos era la primera lectura de los samarios, antes que los diarios regionales o capitalinos que, por esos tiempos, llegaban a media mañana. Es también el custodio de la historia regional desde hace más de medio siglo.

El propósito de un diario escrito es básicamente informar oportunamente, reflejar la situación social, ejercer la crítica mediante sus editoriales y las columnas de opinión, orientar con criterio y objetividad, entretener, en fin, muchas funciones. Las modernas comunicaciones obligan a estos medios ir al ritmo de los tiempos, a reinventarse, actualizarse e innovar sin perder los ejes transversales de su filosofía. La competencia es despiadada. Los lectores también cambiamos, y queremos encontrar lo que buscamos o nos vamos a buscar otros medios Y es que la tecnología, con sus facilidades y algoritmos que orientan la búsqueda y lectura, nos puede distraer de nuestros hábitos. Nos envían a otras publicaciones de diseño avanzado y alta lecturabilidad que, además, invierten grandes fortunas en tecnología para visibilizarse. Además, a canales audiovisuales y redes sociales de toda índole que compiten con ferocidad. Sobrevivir en esta era con tanta mortalidad digital es tarea hercúlea.

Entonces, trazar la orientación, diseñar la estructura de un diario, definir las distintas secciones, escoger las noticias, su forma y contenido, buscar las personas idóneas, contar con columnistas serios e independientes, diagramar la impresión diaria, subir la edición digital, tener canales de ventas dispuestos y obtener recursos para sobrevivir, crecer, transformarse, pero sobre todo, tener credibilidad y resistir los embates de la competencia, acicate necesario, no es pan comido. El trabajo es intenso y el entorno, desafiante. Y la gente, lo más valioso, debe estar capacitada y preparada para enfrentar los permanentes desafíos.

EL INFORMADOR ha asumido todos esos retos desde hace 60 años. Pasó incólume del linotipo al computador, del blanco y negro al color, del voceador y la tienda de barrio a la web. No siempre han soplado los mejores vientos ni las circunstancias han sido favorables permanentemente; incluso, el pensamiento político oscila sin perder nunca el espíritu liberal de su fundador, ni caer en la tentación de la censura o el amarillismo. Discrepar está en su genética. El cierre no está en el pensamiento de nadie. Todo ese tiempo y sigue tan campante. Tan sólido como lo pensó y concretó Don Pepe Vives. Sigue siendo el referente del periodismo escrito de nuestro Gran Magdalena. Larga vida a nuestro diario, a sus directivos, patrocinadores, colaboradores y lectores.
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