Santos no se ha ido

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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La semana anterior estuvo llena de sorpresas, muchas de ellas inquietantes. Y no se trata solo de la anunciada renuncia del ex presidente Uribe, sino de muchas otras. Vale la pena mencionar entre ellas, una que se conoció en la mañana del día que sucedió el hecho político antes mencionado y fue la petición de un grupo de empresarios al presidente Santos, para que le dejara al próximo gobierno, el del presidente Duque, algunas decisiones trascendentales para el país.

 Para los que creemos en el respeto a las normas, y a los fueros, fue absolutamente desconcertante esta solicitud. Es más, puede considerarse como una absoluta falta de respeto a un presidente que aún está en ejercicio de su mandato, así solo le falten dos semanas.

 Es decir, a quienes hicieron semejante requerimiento se les olvidó un pequeño detalle: el presidente Santos no se ha ido. Como cosa extraña por estar casi siempre en orillas distintas, en esta ocasión estoy totalmente de acuerdo con el trino de Rudy en que cuestionaba seriamente este proceder precisamente del sector empresarial.

Independientemente de la materia de las decisiones que pedían aplazar, algunas que tocan esos intereses que se consideran representantes de sectores de poderosos, lo que más molesta son las pretensiones desmedidas de quienes son dueños del capital en el país. Y habían pelado el cobre como se mencionó en una columna de Portafolio cuando equivocadamente enviaron el memorial de propuestas de reactivación económica al presidente electo, donde se olvidaban de las realidades de este país absolutamente desigual.

Pero en esta última salida, el descaro fue aún mayor y además confirma el tipo de gobierno que parece sería el próximo a partir del 7 de agosto.

Este sería un gobierno donde mandan los empresarios, donde ellos se adueñan del poder y pueden darse el lujo de desbancar antes de tiempo al presidente actual, porque consideran que el suyo es el gobierno entrante. Ojo, es una mala señal que no coincide con el discurso, tanto en su campaña como en sus salidas después de ser elegido, del hoy presidente electo Iván Duque. Pero sí hay síntomas que preocupan porque señalarían que el país está ante la posibilidad de un gobierno corporativo.

Cuántas veces se ha reunido el presidente electo con los trabajadores, con las centrales obreras, con los líderes sociales, para no hablar de la oposición ya claramente definida. Ninguna sin duda, pero sí lleva varias con el sector empresarial. Parecería que al próximo gobierno hay que recordarle una vez más, que los objetivos del sector privado, válidos sin duda, no son los mismos del Gobierno ni del Estado en general. La responsabilidad sobre la situación de esa población que no pertenece a los círculos de privilegiados y que conforma la gran mayoría de colombianos sí es responsabilidad de los últimos y no de los primeros. Tampoco es cierto que solo los empresarios son los que determinan el tipo y nivel de desarrollo y que ese Estado minimalista que promueven debe dedicarse a quitarles barreras y a darles estímulos.

Si esa es la filosofía del próximo gobierno que apague la luz y vámonos. Esta sociedad colombiana que ya no está dividida entre pocos ricos y muchos pobres ignorantes, que ha avanzado en salud, que vive más y que ya puede protestar sin que se le descalifique como guerrilla, no va a tolerar la imposición de ese modelo con el que sueñan los empresarios.

Y para ustedes, los dueños del capital, es bueno decirles que esa gran masa de colombianos no es solo la mano de obra que ustedes requieren para trabajar, por lo menos antes de que lleguen los robots, sino que sus precarios ingresos conforman esa demanda interna sin la cual sus empresas quebrarían. 

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