EL senador Mockus piensa que su trasero es ícono de la disciplina

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

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Una razón poderosa me ha obligado hoy a hincar mi pluma en estos renglones debido a que el país fue testigo de un hecho deshonroso que aconteció dentro de la alta cámara de la nación, mientras los nuevos senadores tomaban posesión en el recito de su corporación, uno de sus miembros para demostrar su inconformismo y pedir silencio en el recinto decidió revelar calladamente su trasero, espectáculo vergonzoso, reprochable y carente de urbanidad. No es la primera vez que el senador Mockus es protagonista de hechos que llenan de vergüenza al país y a su familia, siendo rector de la Universidad Nacional mientras era abollado por sus alumnos decidió de igual manera mostrar sus nalgas para imponer la disciplina del silencio, días después, el mismo espectáculo lo registró en Manizales, pero esa vez mostrando su prolongación.

Esta manera tan bellaca de demostrar inconformismo es tal vez sutilmente tolerada en los recintos universitarios o en paraninfos de los colegios, pero jamás admitida en los lugares sagrados de la patria, donde nacen las leyes y la democracia.

   El Escudo materialmente es solo una silueta del continente que baña nuestros océanos, en la parte superior se encuentra un cóndor andino con sus alas abiertas y mirando hacia la izquierda, de cuyo pico pende una corona de laureles de color verde y una cinta ondeante de color oro sujeta al Escudo y entrelazada en la corona, en la cual aparecen, en letras negras, las palabras “Libertad y Orden”, el lema nacional, pero simbólicamente su significado para los colombianos no tiene precio, pero, sí un valor tan profundo que no me atrevo a compararlo con el oro, ni el diamante porque tienen poco valor para confrontarlos.

Por valer tanto como emblema nacional y como símbolo patrio, se les ha concedido a los creadores de las leyes llevarlo con honor en su diario vestir, igual que el tricolor nacional que por su gran valor se le ha asignado que cubra el pecho del presidente de la República, y cuando se llegue la hora de desgradar a cualquiera de estos miembros, se hará cuando se despoja del tricolor al presidente y el Escudo a los legisladores.

Un miembro del Senado, dentro del recinto debe medir sus actos, pesarlas y aniquilarla y no verterlas a caprichos. La conducta que registró el Senador Antanas Mockus, en el altar de la patria es un acto irremediablemente condenable, pues su conducta no solo desestima, apena su bancada y camaradas, sino que también infama a la nación e irrespeta al Escudo, cuando desconoce en su vestimenta el lema de Libertad y Orden.

  Abanderado por su trasero, su empobrecida y arruinada prolongación, especuló hallase nutrido de adeptos para llegar a la presidencia de la República.

Con la vicepresidencia de Sergio Fajardo solo le sirvió para conformarse con el tercer lugar. Como candidato a la presidencia se abstuvo de enseñar su fundillo y su órgano genitor, se dedicó solo a recorrer el país vociferando discursos doctrinarios mediante grandes oratorias, las cuales no fueron tan convincente, ni tan efectiva como lo fue el silencio de su trasero, de manera que podemos concluir que el Senador Mockus es más concluyente y más elocuente mediante su fundillo, que clamando su doctrina.

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