Los estragos del cambio

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alonso Amador

Alonso Amador

Columna: Opinión

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El Banco de la República publicó recientemente un estudio que no ha caído bien entre quienes consideran que ‘Santa Marta está cambiando’. Titulado “La pobreza en Santa Marta: Los Estragos del Bien”, el estudio afirma que “la posición de Santa Marta frente a otras ciudades ha empeorado. En 2010, la situación de pobreza en esta ciudad era similar a la de Barranquilla y Montería. Siete años más tarde, estas últimas dos ciudades redujeron su pobreza… Santa Marta, en contraste, se acercó más a las dos ciudades en peor situación: Riohacha y Quibdó”. 

Además de la pobreza, se analizan otros indicadores sociales y económicos de la ciudad de Santa Marta como la informalidad, cobertura de acueducto y alcantarillado, educación, entre otros. Y en todos, los resultados son desalentadores. En el caso de la informalidad, si bien se resalta a Santa Marta como la segunda ciudad con menos desempleo en el último trimestre de 2017, llama la atención sobre el hecho de que 316 mil personas se encontraban empleadas en la informalidad, es decir, el 63% de la población samaria. 

Por otra parte, las experiencias diarias de los samarios para conseguir agua potable coinciden con lo expresado en la investigación sobre el tema: “Santa Marta ocupa el último lugar en materia de cobertura de servicios. En particular, las dos dimensiones con menor desempeño son los servicios de acueducto y alcantarillado”.

En cuanto a calidad educativa Santa Marta registra una de las más bajas en el país, a juzgar por los resultados de las pruebas Saber 11 en el año 2017. En matemáticas, nuestros estudiantes ocuparon el penúltimo lugar, superando solamente a Quibdó; en lectura crítica, Santa Marta ocupó la cuarta posición más baja en todo el país; y en inglés, solo le ganamos a Riohacha entre 23 ciudades analizadas.

Entre otros factores, los autores señalan la incapacidad de las administraciones públicas para atender estos desafíos como una de las principales causas del deterioro de los índices sociales y económicos. Sin embargo, debe aclararse que el estudio analiza los indicadores desde 1985 a 2017, de manera que sería muy subjetivo asignarle responsabilidad exclusiva de estos malestares a la administración actual que inició desde el 2012 con Carlos Caicedo.

No obstante, todas las administraciones y concejales comprometidas en dicho período, sobre todo aquellos que llevan tantos años en el concejo, deberían explicarle a los samarios cuáles han sido sus gestiones como gobernantes para mejorar las condiciones socioeconómicas de los samarios, porque al menos este estudio, publicado por el centro investigativo más importante del país, no abre espacio para saludar sus gestiones en esta materia.  

Otra información importante para establecer un debate político imparcial hace referencia a la llegada masiva de desplazados como otro factor influyente en el declive de los índices estudiados. Se calcula que más de 210 mil personas llegaron desplazadas por la violencia provenientes en un 70% de los departamentos del Magdalena y Cesar; y debido a las características sociodemográficas de esta población, se dificulta el mejoramiento de los indicadores de desarrollo social.

Sería una insensatez negar que Santa Marta ha mejorado moderadamente en algunos aspectos desde el 2012, pero vamos para ocho años escuchando que Santa Marta está cambiando y los resultados de este estudio sugieren lo contrario, al menos en el campo social el cambio se está dando con estragos en la educación, en el acueducto y alcantarillado, etc.

Recordemos por estos días con júbilo samario que nuestra ciudad se aproxima a cumplir 500 años, ojalá Santa Marta alcance esa edad con una agenda pública que priorice el desarrollo y bienestar de los samarios en general.