Garantías para defensores de la Defensoría

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Eduardo Verano de la Rosa

Eduardo Verano de la Rosa

Columna: Opinión

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Entre las grandes conquistas de la democracia colombiana en la Asamblea Nacional Constituyente está la creación de la institución pública. La Defensoría del Pueblo es pieza clave en el desarrollo de este concepto. Ella sirve de palanca para que nuestra forma de gobierno se transforme en democracia constitucional centrada en los derechos humanos.

Esto no lo hemos logrado. Para alcanzarlo se hace necesario fortalecer la Defensoría del Pueblo, en especial, en estos aciagos momentos en que se recrudece el asesinato y la persecución de los defensores de los derechos humanos. Se requiere fortalecer la Defensoría del Pueblo.

La Defensoría, al lado de la Corte Constitucional, la Carta de Derechos Humanos y las acciones judiciales protectoras y garantistas de los derechos humanos como las tutelas y las acciones populares, son instituciones propias de una democracia que no hemos logrado implementar en nuestra arqueología constitucional.

La democracia constitucional está construida sobre los cimientos de una filosofía garantista de los derechos humanos. Esto no lo hemos perfeccionado.

Acerca del garantismo, el jurista y filósofo del derecho Luigi Ferajolli, en su obra La democracia a través de los derechos. El constitucionalismo garantista como modelo teórico y como proyecto político, dice: “El garantismo es sinónimo de <<Estado Constitucional de Derecho>>”.

Un Estado Constitucional de Derecho ofrece las condiciones de posibilidad para una democracia constitucional, que es un Estado al servicio de los derechos humanos y la cultura de esos derechos.

Esto justifica que la Defensoría del Pueblo, con sus defectos, su exagerada centralización política y administrativa, reproducción del modelo centralista y sin autonomía en las regiones, sea fortalecida. Robustecerla es clave en este proceso de defensa de los defensores de los derechos humanos, sean o no de la Defensoría del Pueblo.

Este es un aspecto que merece ser relievado. Defendamos a quienes protegen los derechos humanos de la Defensoría del Pueblo, quienes en silencio y en forma abnegada dedican su capacidad profesional a la atención de las demandas de la población colombiana y extranjera que pide salvaguardar sus derechos: defensores públicos penalistas, civilistas, laboralistas, administrativistas, expertos en derecho de familia, en defensa de personas mayores, en fin, a quienes cuidan de la vida humana.

Relievo esto porque la columna vertebral de la Defensoría del Pueblo son los defensores públicos. Sin ellos es imposible que los derechos humanos sean salvaguardados por la Defensoría del Pueblo y sin ellos la institución carecería de sentido. El raquitismo presupuestal a que es sometida la institución atenta contra la protección de los derechos humanos, esto debe ser tomado en consideración por el nuevo gobierno nacional para que corrija esta situación a favor de los derechos humanos.

Todos los defensores de derechos humanos merecen protección. El trabajo de quienes prestan sus servicios a la Defensoría del Pueblo amerita que se garanticen sus derechos, como la estabilidad de sus contratos y el  reconocimiento de su capacidad y experiencia. Ellos son apóstoles en derechos humanos y dignos sucesores de Bartolomé de las Casas. Les profeso admiración y agradecimiento por la labor que realizan.

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