No explotar

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Están sucediendo demasiados casos en la Región Caribe, en los cuales los turistas extranjeros son explotados por personas que se suponen deben atenderlos. Esta que es una de las actividades que más se pueden dinamizar en esta parte del país, requiere del cumplimiento de unas normas de conducta sin las cuales esta industria sin chimenea, como normalmente se le identifica, morirá más pronto que nunca. Ya el turismo sexual y la explotación de niños y niñas es un problema suficientemente grave como para que ahora se sume la estafa. Antes de que estos atracos a quienes vienen a conocer esta parte de nuestro país lleguen a niveles inmanejables, que acabarían con la reputación de nuestra región, es conveniente pensar en dónde están las raíces de estos comportamientos.

Tema que se analice en Colombia termina siempre en ese cambio de valores que estamos padeciendo del cual tampoco se libran los extranjeros. Muchos atribuyen esa desvalorización de la honestidad, de la transparencia, de la buena fe, al impacto que la cultura narco ha tenido en la sociedad colombiana. Comportamientos reprochables que llegan hasta el delito, los estamos sufriendo en casi todos los campos. En el manejo de recursos del Estado, en actitudes del sector privado, en las escuelas, en los contratos, en fin, difícil encontrar actividades que se destaquen por las virtudes que tanto nos inculcaban generaciones pasadas.

Pero el hecho de que esta sociedad colombiana se enfrente con demasiada frecuencia a formas reprochables de conducta, no es una razón para pasar por alto lo que está sucediendo con el turismo que llega a la Región Caribe. Los países que han hecho de esta industria del sector servicios una fuente importante de ingresos de divisas y de moneda local, exigen unas reglas de comportamiento. Es decir, debe existir una cultura entre aquellos que son los actores fundamentales de este servicio que genera empleo en un país con un mercado laboral tan informal y con bajas remuneraciones como el que existe en Colombia. Por consiguiente, el gobierno, que tanto empeño tiene en que, gracias al fin del conflicto, esta sea una de las nuevas actividades productivas del país, deben vigilar muy de cerca tanto el tipo de turismo que se ofrece como la formación de quienes lo ofrecen.

No se equivocan quienes ven en el desarrollo de esta industria, especialmente en la Región Caribe, un elemento crucial dentro del proceso de diversificación productiva que este país requiere con urgencia, como consecuencia del Acuerdo de Paz que sí es valorado en el extranjero. Sri Lanka, es uno de los ejemplos que Colombia debía analizar. Quienes estuvimos allí durante su guerra contra los Tamils, ahora que hemos regresado cuando se vive la paz, evidenciamos grandes cambios y la afluencia de turismo procedente de toda Europa principalmente. Pero allí no se viven estos episodios porque se ha preocupado el Estado por educar a su gente con el fin de lograr la calidad y transparencia que el turismo exige. 

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