Llorones sin lágrimas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alonso Amador

Alonso Amador

Columna: Opinión

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Es admisible que en campaña los candidatos a cargos públicos uninominales de elección popular (presidente, gobernador, o alcalde) se ataquen entre sí en el plano discursivo y programático, con un mínimo de respeto, vale aclarar. Pero ganadas las elecciones, se espera de ese presidente, ese gobernador, o ese alcalde que entienda que aunque fue escogido sólo por una parte de la ciudadanía, gobernará para la sociedad en general y que, en su condición de mandatario, deberá igual trato tanto a quienes lo apoyaron como a los que no. 

Parece un planteamiento apenas lógico, pero su aplicación resulta muchas veces difícil, sobre todo cuando se tiene el respaldo de una gran mayoría ciudadana, pues por tal apoyo el dirigente termina creyendo que todos sus actos son plausibles y exentos de cuestionamiento, inhibiéndose así de una ciudadanía crítica tan necesaria para la democracia y soslayando que no siempre todo lo que adula la mayoría es lo debido.

Seguramente nuestro alcalde, Rafael Martínez, es consciente de lo anterior, por lo que resulta extraño que en su discurso de entrega de adecuaciones al centro de salud de El Parque, haya expresado que hacía tal entrega para que “se les acabe el sirirí a los llorones”, expresión que al no especificar a quiénes se refería, puede direccionarse con acierto a todo ciudadano que cuestione o haya cuestionado los retrasos en distintas obras en la ciudad, puntualmente las de los puestos de salud. 

Si bien a la actual administración le ha tocado atender las diligencias judiciales por los cuestionamientos sobre los centros de salud del Distrito comprometidos desde el 2014, también ha tenido que recibir las manifestaciones ciudadanas organizadas por algunos líderes. Muchas o pocas manifestaciones, fuertes o débiles, atenderlas hace parte de las responsabilidades de su cargo.

Por lo tanto, es oportuno invitar al alcalde a un relacionamiento más respetuoso con aquellos samarios que cuestionan su gobierno. Independientemente del talante, intensidad y justificación de las críticas, es preferible un mandatario que se dirija a sus opositores siempre con respeto, máxime si los cuestionamientos que se le endilgan no se dirigen hacia su persona sino a su gestión como mandatario.

Además, en Colombia cada vez se fortalecen más las instituciones políticas a favor de quienes hacen oposición a los gobiernos. La reciente expedición del Estatuto de Oposición es digna evidencia. Igualmente, la Constitución y más de una decena de leyes ya existentes exigen la vigilancia cívica de las administraciones públicas, tanto en acto de los dirigentes como en lo que concierne al manejo de los recursos públicos. Sin añadir que estamos convocados a una Consulta Anticorrupción que busca precisamente mejorar la vigilancia que hace la ciudadanía al manejo del erario. 

Quien quiera ocupar tal dignidad política deberá comprender que al administrar recursos que pertenecen a todos los ciudadanos, la vigilancia pública será ineludible y obligatoria. Ojalá el alcalde reflexione, pues se envía un mensaje equivocado a la sociedad cuando sus mismos gobernantes se expresan con lenguaje burlesco o despectivo hacia sus ciudadanos, le hagan o no oposición.