Revivir especies extintas

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Empezando este año murió en Kenia el último rinoceronte macho blanco del norte; su desenfrenada cacería extinguió la especie. Los mitos antediluvianos hicieron de su cuerno algo más valioso que el oro y a la bestia destino de balas arteras; quedan apenas dos hembras en cautiverio. En la lista roja de la UICN hay muchísimas otras especies que desaparecerán para siempre y engrosarán la creciente lista de aquellas de las que solo quedan fotos, pinturas o relatos: aves, especies marinas, reptiles, mamíferos, insectos y demás han abandonado este mundo para siempre, gracias a nosotros, la especie humana. Dodo, tigre de Tasmania, rinoceronte negro, bucardo, cuaga, foca monje, antílope Bubal o tigre de Java son apenas distantes recuerdos, reducidos a ignotas páginas de olvidados libros; nombres que la humanidad jamás volverá a pronunciar.

En ocasiones, libros y películas predicen futuros desarrollos. Steven Spielberg llevó al cine la novela “Jurassic Park” de Michael Crichton, que relata la clonación de dinosaurios a partir de mosquitos preservados en ámbar, alimentados de sangre de los gigantes animales. Más allá de la validez científica de la película, surgen aspectos importantes, éticos y morales principalmente. ¿Es aceptable resucitar especies extintas? ¿Cuál sería el propósito? ¿Debemos hacer esto? ¿Tendría proyección científica y beneficios para el mundo? ¿Cómo afectaría acoplar esas especies revividas con las existentes? Todavía más: ¿se cruzarán entre ellas? No es asunto de poca monta.

Algunos científicos trabajan en la “resurrección” de algunos animales, un poco jugando a Dios. El auroch, un vacuno gigante, podría ser fuente de alimentación; la paloma mensajera, el dodo, el moa y el auk nos quitarían los remordimientos de su extinción. Más por curiosidad científica, las ranas de incubación gástrica podrían regresar, lo mismo que el tigre de Tasmania. Mastodontes, mamuts y smilodones revividos podrían causar enormes problemas. Por otra parte, algunas que se creyeron extintas han sobrevivido y se les ha encontrado nuevamente. El celacanto, considerado el eslabón perdido entre la vida animal acuática y la terrestre, es de enorme interés científico. Otros, como la pantera de la Florida, el elefante de Java, el salmón kunimasu, la langosta de árbol, el solenodón cubano o el calamar gigante son estudiados estrechamente para evitar su desaparición definitiva. Por otra parte, aparecen especies desconocidas y hay otros bichos que esperan ser descubiertos. Dice la ONU que alrededor de 150 especies desaparecen diariamente. Entre la cacería, la contaminación y el cambio climático se causan daños irreparables a la biodiversidad. El CO2 está en sus niveles históricos más críticos, y estamos a nada de sobrepasar las líneas rojas del calentamiento global. Lluvias y huracanes no son castigos divinos, sino consecuencia de nuestra destrucción ambiental.

Ahora bien: ¿resucitamos especies extinguidas o protegemos las existentes, necesarias para la vida? La clonación perfecta requiere ADN bien preservado del animal extinto, y solo es posible cuando el material genético tiene  menos de un millón de años. Actualmente se busca aproximar el animal extinto al original. Dolly, aquella oveja escocesa clonada, señaló la ruta, pero los experimentos en animales no han dado los resultados esperados. Las abejas son fundamentales para el funcionamiento de la tierra. La abrumadora deforestación está reduciendo el hábitat al punto que la polinización es cada vez menor: el principal enemigo de esos valiosos insectos es la codicia humana. Insecticidas, los monocultivos, el cambio climático, y depredadores como la avispa asiática o ciertos ácaros y aves han puesto a las abejas en la lista de espera. Se estima que el 75% de los cultivos alimentarios depende de las abejas, y el resto de mariposas, aves y otras especies. El deshielo del Ártico eliminará los osos polares y otras especies; la destrucción de bosques, arrecifes y manglares amenaza la vida de muchas otras. ¿Qué diremos de la pesca sin control? ¿Qué pasará si desaparecen las ballenas?

Cuanto más crece la población de los depredadores humanos en este mundo finito, más alimento requiere, y más expansión o fundación de ciudades, más destrucción de hábitats y más contaminación de toda especie causa. El mal llamado progreso nos lleva aceleradamente a la extinción. No habrá resucitación posible, tampoco reversa. Y esto vendrá muy pronto. Qué paradoja. Mientras en el planeta destruimos la vida, por acá nos reviven dinosaurios políticos sin tanto método científico.

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