El poeta más grande de América

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

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Estamos acostumbrados a decir y a escuchar expresiones como: “lo dijo el poeta”, “como dijo el filósofo” y citas parecidas. No es necesario asignarle nombre o apellido al supuesto personaje porque entendemos que se trata de alguna autoridad en el tema del cual estemos hablando. Ese recurso literario se llama sinécdoque y se fundamenta en una relación de magnitud o de contigüidad; con la palabra “poeta” omitimos un nombre determinado, el del individuo, pero lo cobijamos con la categoría a la cual pertenece. Todo lo anteriormente expuesto nos sirve para señalar que en este artículo, al decir el Poeta, nos referiremos a Pablo Neruda, el más grande vate de América, quien nació el 12 de julio de 1904 en Parral, Chile. Desde 1920 adoptó el seudónimo con el que se dio a conocer en todo el mundo.

    La obra del Poeta está comprometida con el destino de América. Sus primeras producciones rezuman un sentimentalismo personal, reflejo de sus años juveniles. Pero cuando comenzó su período de madurez y su militancia política, en el partido comunista, Neruda comprendió el valor que tiene la palabra como instrumento de persuasión. Mucho se ha escrito sobre Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, ya sea por aniversarios de su nacimiento o de su muerte, por la persecución política que debió soportar o por el inmenso valor de su obra poética. Sin embargo, hay muchos aspectos de su vida que no son muy conocidos. Para llenar este vacío recomendamos la lectura del libro “Yo acuso”, del investigador histórico y literario chileno Leonidas Aguirre Silva. De esa obra citamos textualmente: “En febrero de 1948 la policía chilena inició la búsqueda para capturar a Pablo Neruda. El 5 de febrero, las primeras páginas de los periódicos chilenos titularon: ‘Se busca a Neruda en todo el país. Será premiado el personal de investigaciones que dé con su paradero’. Su amigo Ricardo Fonseca, quien era el único que conocía su refugio, decidió preparar la huída clandestina de Chile en el baúl de su automóvil. Salió de Santiago hacia Argentina por el camino de Temuco. Al llegar a la frontera, Neruda se bajó del vehículo y pronunció su frase célebre: ‘Hasta luego, patria mía; me voy pero te llevo conmigo’.”

     Decía el vate chileno: “Si me preguntan qué es mi poesía debo decirles: no sé; pero si le preguntan a mi poesía, ella les dirá quién soy yo”. No se equivocaba el Poeta, porque sobre sus poemas está volcada su recia personalidad. Cuando le preguntaron cómo y cuándo nació su vocación poética, Neruda respondió: “Muy atrás en mi infancia y habiendo apenas aprendido a escribir, sentí una vez una intensa emoción y tracé unas cuantas palabras semirrimadas, pero extrañas a mí, diferentes del lenguaje diario. Las puse en limpio en un papel, preso de una ansiedad profunda, de un sentimiento hasta entonces desconocido, especie de angustia y de tristeza. Era un poema dedicado a mi madre, es decir, a la que conocí por tal, a la angelical madrastra cuya suave sombra protegió toda mi infancia”.

     Pablo Neruda residía en Isla Negra. Recordemos hoy al autor de obras y poemas tan conocidos como ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’, ‘Crepusculario’, ‘Tentativa del hombre infinito’, ‘Residencia en la tierra’, ‘El hondero entusiasta’, ‘España en el corazón’, ‘Canto general’, ‘Alturas de Machu Picchu’, ‘Que despierte el leñador’, ‘Los versos del capitán’, ‘Odas elementales’, ‘Cien sonetos de amor’, ‘Navegaciones y regresos’, ‘Canción de gesta’, ‘Cantos ceremoniales’, ‘Memorial de Isla Negra’, ‘La barcarola’, ‘Las piedras del cielo’, ‘Confieso que he vivido’ y ‘Para nacer he nacido’, entre otros. El Poeta murió el 23 de septiembre de 1973 y su deceso aún hoy permanece ligado al gobierno de Pinochet, dictador de Chile.

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