Méjico socialista

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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La izquierda latinoamericana, que atraviesa por su peor momento, está de plácemes por la victoria de López Obrador (AMLO) en Méjico.  Es el peor momento porque los otrora admirados redentores izquierdistas, o están en la cárcel por corruptos o se han convertido en crueles y cruentos dictadores o están huyendo de la justicia. 

Interpretan los izquierdistas que el histórico triunfo de AMLO revierte la tendencia de desprestigio y les da un nuevo aire.  Todavía hay mucha tela por cortar.  Ahora le toca cumplir lo que prometió en campaña, lo cual no podrá hacer.  Al final del mandato de AMLO quedará otra frustración colectiva.  Méjico tiene problemas enormes que no pueden resolverse en seis años sino en varias generaciones.  En América Latina seguimos empecinados en elegir mesías para que hagan el milagro; votamos por el cambio pero nadie quiere cambiar, de tal forma que seguimos en las mismas.

AMLO fue elegido no porque sea de izquierda; su triunfo con más del 53% de los votos no son votos ideológicos.  Los mejicanos votaron hastiados y asqueados de los problemas que los aquejan: corrupción, violencia, narcotráfico y falta de oportunidades para la gente.  Los mejicanos no votaron por la implantación de un modelo económico izquierdista ni por una dictadura.

Hay matices de matices, y Méjico no es Venezuela ni Nicaragua. Un giro hacia un modelo socialista traería enormes perjuicios para Méjico, los cuales no está en condiciones de asumir. Contrario a los deseos de los mamertos de la región, las circunstancias obligaran a AMLO a caminar por el centro.

Los mejicanos eligieron a AMLO porque hizo una alcaldía aceptable cuando fue alcalde de Ciudad de Méjico, entonces tiene alguna credibilidad.  Sin embargo, el problema monumental de la corrupción en Méjico no tiene fácil solución porque está anquilosada en todos los estamentos, en todas las instituciones y a todos los niveles.  Ni que mencionar que es un país sitiado y controlado por los cárteles de la droga. ¿Podrá AMLO ponerle el cascabel al gato?  Intuyo que AMLO aplicará aquello de que si no puedes vencer a tus enemigos, úneteles, lo cual ya es tradición inamovible honrada por casi todos los presidentes mejicanos.

Méjico se ha beneficiado por 24 años del TLC con los Estados Unidos y Canadá, sin embargo no ha podido mejorar las condiciones de vida para la mayoría de sus habitantes.  Todavía millones tratan de emigrar ilegalmente a los Estados Unidos para huir de la pobreza y de la violencia.  Méjico, al igual que el resto de la región, con una que otra excepción, es el típico ejemplo del país que se moderniza sin desarrollo económico.  Colombia es todavía un caso más extremo de esto último.

Ni que decir, que la agenda de Trump que quiere balancear el comercio bilateral y hacerlo más justo para los Estados Unidos, lo coloca contra las cuerdas.  ¿Buscar nuevos socios comerciales?  Esto no le solucionaría el problema porque es que exportar a los Estados Unidos es fácil y competitivo.  Las maquiladoras están en la zona de fronteras, las mercancías se mueven por carretera, y así sucesivamente.  Ventajas que se pierden al tener socios comerciales más distantes.  Se disparan los costos y los productos pierden competitividad. 

AMLO la tiene color de hormiga.  Su oratoria demagógica lo llevó a hacer promesas que no podrá cumplir de ninguna manera.  Hay altas probabilidades de que AMLO no termine la presidencia, lo cual sería histórico.  Los riesgos incluyen su propia integridad física, si es que se atreve a perseguir los intereses oscuros que hoy mueven los hilos del poder en Méjico.  

Es difícil que Méjico logre salir de la noche oscura en que está sumergido, a menos que algo profundamente traumático y dramático suceda que sacuda los cimientos de esa sociedad y logre un aglutinamiento colectivo alrededor de un propósito común que se traduzca en acciones transformativas.

La realidad es que para que las cosas comiencen a cambiar en Méjico, se necesita una crisis profunda. Tal vez el predecible fracaso de AMLO se convierta en esa crisis motivadora.  Lamentablemente, tendremos que esperar seis largos años para conocer el final de esta aventura demagógica.  Lo cierto es que el desprestigio de la izquierda no se detendrá con AMLO.

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