Otro aniversario de Frida Kahlo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

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Acabamos de leer “El hombre que amaba a los perros”, del escritor cubano Leonardo Padura. En esta excelente indagación histórica novelada encontramos, tras bambalinas, la figura de Frida Kahlo, personaje interesantísimo de quien hablaremos hoy.

     Nació Frida el 6 de julio de 1907 en Coyoacán, México. Desarrolló una técnica muy personal conformada por elementos expresionistas e impresionistas con centro en temas autóctonos mexicanos. Su verdadero nombre era Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón. Aunque nació en 1907 siempre afirmó que había venido al mundo en 1910, para hacer coincidir su nacimiento con la fecha de iniciación de la Revolución mexicana. El padre de Frida era un fotógrafo judío de origen alemán: Guillermo Kahlo. Su madre, en cambio, era mexicana y se llamaba Matilde Calderón. La pintora sufrió poliomielitis desde los tres años y a lo largo de su vida padeció enfermedades, lesiones y accidentes; el último de estos percances ocurrió en 1925 y le dejó afectada la columna vertebral. Antes, en 1922, había entrado a la Escuela Nacional Preparatoria de México y tres años más tarde aprendió la técnica del grabado. El año siguiente pintó su primer cuadro, un autorretrato en el cual expresa sus reacciones emocionales causadas por su desgracia personal. En esa época conoció al pintor Diego Rivera. Con él frecuentó los círculos artísticos del país azteca y más tarde, en 1929, se casaron. Ambos pertenecieron al partido comunista. La pintora plasmó en múltiples cuadros la amargura por su postración física, la cual no le permitió tener hijos. Sin embargo, aunque superó en parte su inmovilidad y logró caminar, continuó con su cuerpo destruido por causa del accidente de automóvil mencionado.

     La vida de Frida Kahlo –y más aún su obra− está unida a la de Diego Rivera, el gran muralista mexicano nacido en Guanajuato en 1886, fundador, con Orozco, Siqueiros y otros, del Sindicato de Pintores con el cual se inició el muralismo mexicano. Diego Rivera revalorizó las raíces indígenas y el espíritu revolucionario con un estilo monumental y colorista. Son famosos sus murales en la Escuela Nacional Preparatoria y en el Palacio Nacional. Pero hablando de Frida Kahlo, su obra adquirió un gran valor, advertido por el poeta surrealista André Breton, quien organizó en París una exposición con los cuadros de la artista mexicana en 1939.

     Frida, como alumna y luego esposa del pintor, encontró en Rivera el apoyo que necesitaba para exteriorizar el sentimiento nacional que la poseía, coherente con el pensamiento de José Vasconcelos y sus postulados sobre “La raza cósmica” latinoamericana. Sobre Frida Kahlo se ha escrito mucho y su historia se ha llevado al cine. Pero no se destaca con suficiente énfasis la importancia que tiene su mensaje de vida para los latinoamericanos. Su espíritu rebelde es consecuente no solo con el ideario de Vasconcelos sino con las ideas de los mexicanos Alfonso Reyes y Carlos Fuentes, entre otros. A su muerte, ocurrida el 13 de julio de 1954, su féretro fue cubierto con la bandera del partido comunista, lo cual causó revuelo en el gobierno mexicano, mas no en el pueblo raso, que desfiló frente a su ataúd y lo acompañó en forma masiva hasta el sitio de cremación. Diego Rivera murió tres años más tarde; ya había legado al estado mexicano la casa donde vivieron en Coyoacán, convertida hoy en el Museo Frida Kahlo. Pensar en esta sufrida representante de la cultura nuestra, hoy, aniversario de su nacimiento, debe servirnos para reconciliarnos con lo terrígeno que nos caracteriza. Nos queda la impresión de que nunca se la ha valorado suficientemente.

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