El problema de fondo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: reflectormundial@yahoo.com.mx

Twitter: @Nacho_Amador 

Los latinoamericanos somos gente creativa, ante las adversidades siempre tenemos alguna alternativa de solución innovadora que, pese a la situación de subdesarrollo de nuestros países, nos ayuda a llevar las cosas de la mejor manera para tener una vida lo más digna que se pueda. Bien podemos resolver algún problema de nuestros hogares como inventarnos formas y mecanismos para ganarnos el pan de cada día, trabajando 8, 12 o 16 horas por jornada, como también podemos tratar de solventar las inercias de las organizaciones públicas que en vez de apoyarnos se vuelven un obstáculo a nuestro desarrollo.

Quienes ocupamos nuestro tiempo en pensar en la fórmula para el desarrollo, nos hemos dado cuenta de que no es suficiente ser creativos para transformar a nuestras naciones desde una plataforma simple. Por ello muchos creemos que en nuestra región habríamos que replantear los esquemas de desarrollo; deberíamos de conminar la generación de un movimiento integrador, nacional, donde los principales actores del país: políticos, empresarios, intelectuales, sindicatos y ciudadanos, se reunieran seriamente para elegir un modelo económico determinado, con una vigencia de largo plazo; independiente a los cambios políticos y flexible a las transformaciones del Sistema Internacional. En términos sencillos es convencer a todos los actores del Estado que vivimos un destino compartido y que nuestro progreso individual puede potencializarse si lo hacemos colectivo.

De esta manera surge una interesante propuesta integradora, que podría sentar las bases para combatir de forma correcta nuestro problema de fondo (el subdesarrollo), explotando cuatro ejes del Estado principalmente: 1. Diseño interinstitucional, 2. Reforma económica, 3. Reforma política y 4. Construcción de ciudadanía.

En el primer punto tendríamos que buscar hacer más efectivas a las instituciones del Estado mediante una reducción colegiada y estandarizada de la burocracia tanto a nivel de trámites como de ocupaciones, donde se logre la homogenización de los reglamentos de las instancias públicas en pro de la eficiencia, la cooperación institucional y la sensibilización de los burócratas, esto con el fin de que renazca la confianza del ciudadano hacia la institución y viceversa.

El tema de la reforma económica no es otra cosa que consensar la elaboración de un plan económico determinado entre las empresas (nacionales y extrajeras), el gobierno y la academia, donde se fomente la competitividad, la I+E, la eficiencia productiva y se acuerden las ramas de especialización que requiere el país con el fin de alcanzar estos objetivos. Es importante en este sentido convencer por medio de esta propuesta, tanto a las empresas como a los actores políticos de que es necesario mejorar la distribución de la riqueza, ya que un aumento de la clase media, puede reflejarse en un incremento en las ganancias para las unidades económicas al ampliar el tamaño del mercado nacional y un crecimiento en la recaudación fiscal para el gobierno.

Los últimos dos puntos están sumamente relacionados. Es necesario que se favorezca la participación ciudadana en todos los procesos políticos, con el fin de fortalecer, racionalizar y fomentar tanto la rendición de cuentas como la estandarización de procedimientos y normas para agilizar los procesos electorales, donde los partidos políticos ganen elecciones por medio de vanguardias, y se vean obligados al llegar al poder, a respetar las metas planteadas con anterioridad (modelo económico).

El proceso debe ser deductivo, partir de lo general a lo particular, de las instituciones hacia los mecanismos culturales de la sociedad y sus individuos. Por ejemplo, las campañas contra la piratería que son impulsadas por el sector privado, pese a que tienen poca influencia en la población adulta, han ganado mucho terreno con los niños, quienes son ahora los principales impulsores de comprar productos originales.

Por más que seamos una región de hábiles; de creativos, los latinoamericanos no podemos darnos el lujo de postergar estas reformas en ejes estructurales, ya que si continuamos laborando en materia política, economica, educativa, social, de salud, etc. sin tener objetivos permanentes de eficiencia y utilidad, nuestras instituciones seguirán trabajando con improvisación, resolviendo sólo los problemas más superficiales. Quizá podremos vivir al día, pero es bien sabido que el desarrollo no es una cuestión fortuita, de permanecer así nos negaremos la posibilidad de resolver el problema de fondo, que bien puede ser consecuencia de la falta de voluntades, consensos, incluso de liderazgos, pero que sin duda condena a nuestras naciones al subdesarrollo.

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