¿Dura Lex sed lex?

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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La función del estado y todo el andamiaje que le da soporte, como por ejemplo, leyes y autoridades, es crear y mantener un equilibrio.  En teoría, un equilibrio que permita alcanzar el bien común sustentado en la paz y el desarrollo económico.

Hacer leyes Justas y hacerlas cumplir es indispensable para mantener el equilibrio, y si por alguna razón, el estado se aparta de esta premisa, da lugar a un nuevo equilibrio cuyas consecuencias pueden ser indeseables.  Muchas veces intentar volver al equilibrio inicial genera dilemas morales y los gobiernos quedan atrapados en situaciones en las cuales deben optar por el mal menor.

La situación generada por la política de cero tolerancia del gobierno Trump es una de estas situaciones; tratar de aplicar la ley genera un dilema moral.  La ruptura del orden legal por parte de pasadas administraciones creo una situación compleja en lo referente a la política migratoria en la frontera sur.

Es desafortunado que el Congreso, por décadas ya, utilice el tema migratorio para efectos de movilización electoral, pero sin la menor intención de aplicar correctivos.  Los Demócratas, que han hecho de esto tema recurrente de todas sus campañas, no le han cumplido a sus electores ni siquiera cuando tuvieron el control del ejecutivo y del legislativo en la era Obama.

No hacer cumplir la ley incentivó a que personas de otros países, especialmente de Méjico y Centroamérica, arriesguen sus vidas y las de sus seres queridos intentando llegar al Norte.  Huyen de la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades, y de alguna manera, están convencidos que los Estados Unidos están obligados legal y moralmente a acogerlos.  Esto es equivocado.

Las normas definen claramente quien y bajo qué circunstancias se puede solicitar asilo político.  Dentro de las causales reconocidas internacionalmente, huir de la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades no son causales válidas.  Sin embargo, nuestra cultura tramposa, y también en parte por ignorancia, las personas llegan a pedir asilo con base en mentiras.  Allá en su pueblo alguien les dijo que si venían con niños les daban automáticamente asilo político. Utilizan los niños para chantajear a los Estados Unidos.

El flujo de inmigrantes indocumentados hacia los Estados Unidos mueve cifras multimillonarias porque el negocio de tráfico humano es muy rentable; de él participan gozosamente las corruptas autoridades mejicanas.  En el trayecto de Méjico a los Estados Unidos la vida humana no vale nada, y miles de personas han perecido en el intento. 

¿Cuál es el mal menor en esta desafortunada situación?  ¿Cuál es el equilibrio deseado? Es acaso no aplicar la ley e incentivar que personas arriesguen sus vidas y las de sus hijos para llegar a los Estados Unidos? O ¿aplicar la ley con humanidad para que se detenga el flujo de personas y así evitar que se sigan perdiendo vidas?

Bajo la ley estadounidense, los niños podrían ser separados de sus padres cuando el comportamiento de estos genera peligro.  He aquí la base legal para separar a los padres de los hijos porque el acto de arriesgar la vida de los niños es un acto de grosera negligencia.  Los adultos que Cruzan la frontera ilegalmente están detenidos por haber violado la ley, y a los detenidos no los acompañan sus familias. 

La administración Trump ha optado por mantener las familias juntas mientras están detenidas y se resuelve su situación migratoria, sin embargo ha dejado claro que esto no altera la política de cero tolerancia.  La gran mayoría será deportada pero en el intersticio los contribuyentes tendremos que pagar por la manutención de todas estas personas y los costes asociados con su pretensión legal.

Es hora de que el Congreso, sobre todo los Demócratas, dejen de jugar con el tema migratorio y hagan las reformas requeridas.  Nadie gana cuando el tema se politiza y es utilizado como arma por la prensa liberal para hacerle daño a Trump.  Este es un tema que para ser resuelto requiere consenso bipartidista.  Las crisis son a la vez oportunidades.

La solución no es tener una política de puertas abiertas sino que los países que exportan pobreza a los Estados Unidos, comiencen a exportar bienes y servicios y a generar oportunidades para su gente.

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