Ganó Duque, se consolidó Petro y desapareció Fajardo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Puede sonar como una forma simplista de resumir los resultados de la segunda vuelta presidencial, pero en realidad esta frase puede dar pie al desarrollo de grandes implicaciones para el futuro de la política nacional.
El triunfo de Duque muestra para bien o para mal, que el expresidente Uribe seguirá en el escenario y a menos que suceda algo especial, parecería que su peculiar forma de manejar la política, la seguiremos viendo los colombianos por algún tiempo más.

El poder económico sigue marcando la pauta sobre los destinos de Colombia, reforzando un modelo de desarrollo que no es ni mucho menos perfecto por la forma como concentra el poder y distribuye inequitativamente los costos del desarrollo. No es un momento fácil para el país y mucho dependerá de lo que suceda en los próximos 4 años.

Pero ese amplio margen de maniobra que siempre ha tenido la derecha colombiana, a partir de estas elecciones del 17 de junio se empieza a reducir. Petro se consolidó como la oposición, así muchos hubiésemos querido verlo acompañado de otros líderes más de centro.

La votación que obtuvo, más de 8 millones de votos y solo 12 puntos porcentuales por debajo del ganador, lo deja con un gran poder político, que sin la menor duda usará al máximo de aquí en adelante. El Senado y la plaza pública, como lo ha anunciado Petro, serán sus escenarios y los colombianos sabemos con claridad que los aprovechará como nadie para impulsar sus ideas.

Además, desapareció el centro al que algunos le apostamos pero que sucumbió ante el odio a Petro y el odio a Uribe. Después del éxito repentino de Fajardo en las últimas semanas, cuando casi le quita el segundo puesto a Petro, dos hechos políticos quedaron en claro. Primero, que esos votos que obtuvo en la primera vuelta no eran de él, realmente, sino que una parte importante eran de Mockus, quién se los llevó para la campaña de Petro. Segundo, con su decisión de votar en blanco y dejar en libertad a sus seguidores, y dedicarse a observar ballenas, demostró su incapacidad de liderazgo.

Cambió el mapa político y desafortunadamente, la polarización que tantos rechazamos, se agravó significativamente. Un país lleno de odios que lejos de calmarse están hoy en un mayor nivel porque gracias a esa perversa forma de ejercer la política, los liderazgos de centro desaparecieron y estamos enfrentados al gobierno y sus seguidores y a la oposición y sus seguidores.
Hoy se ven los resultados de unos jefes políticos sin visión de futuro, ególatras, que fueron eliminando de manera perversa a todos aquellos que no les siguieron el juego. Nos quedamos sin partidos tradicionales y solo con unas empresas electorales, algunas de las cuales se derrotaron como en la Región Caribe y en Bogotá, y con otros como el Partido Verde que quedó en nada, dividido entre petristas mayoritariamente y uribistas.

No serán momentos fáciles y mucho dependerá de la forma como se forme el gobierno de Duque y de cómo maneje la oposición Petro. Uribe y su peculiar forma de ejercer el poder están detrás de Duque. Toca esperar a ver qué sucede, ahora que su partido llegó a la presidencia con su pupilo, qué tanto intervendrá y cuántos grados de libertad tendrá verdaderamente Duque. Muchos de los nombres que suenan para el gabinete, fuera del de Alberto Carrasquilla que es un hombre serio y respetable, producen escozor.

¿Se imaginan a Viviane Morales Ministra de Educación con su visión retardataria de la familia, de la mujer y de la población LGBTI? ¿O nada menos a José Félix Lafaurie de Ministro de Defensa? Horror. Ojalá la sensatez prime esta vez, tanto en Duque como en Petro.
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