De peatones y ciclistas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

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La movilidad sostenible es un reto para el país. Según el Ministro de Transporte, “el ideal es construir desplazamientos saludables, seguros y sostenibles a lo largo del territorio, para garantizar el desarrollo social, económico y ambiental”.
Lo dice, pensando en la alarmante cifra que registra la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) de gastos por cerca de 25 billones de pesos anuales por los muertos y heridos en accidentes de tránsito. Una cantidad equivalente al presupuesto nacional de educación de 2014 en pagos por daños a terceros, indemnizaciones, servicios médicos, gastos mecánicos y funerarios.

Aunque “la expresión Movilidad Sostenible -explica Daniel Pérez, experto en la materia- suele relacionarse con usar la bicicleta o andar a pie, o incluso, con estimular la utilización de tecnologías limpias, el concepto va más allá. Se trata de relacionar vivienda, educación y trabajo con el transporte, una dinámica que influye en el medio que cada quien elige para ir de un lugar a otro, que determina tiempos, comodidad, gastos y distancias de recorrido”.

“En Colombia -afirma Leydis Becerra en su artículo Colombia apuesta por una movilidad sostenible- hay ciudades que ofrecen experiencias interesantes en esta dirección, como Bogotá, Villavicencio, Pasto, Ibagué, Cali, San Andrés y Montería, que aún les queda mucho por hacer y la gente no se resigna”. Estos esfuerzos, recibieron el apoyo del Gobierno Nacional, que desde hace más de una década viene fortaleciendo las políticas de movilidad, para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU con el fin de mitigar el impacto del cambio climático y el efecto invernadero.

Creo que a todos nos suena fenomenal el invento de la movilidad sostenible. Solo que las autoridades locales tendrían que hacer un doble esfuerzo adicional para mostrarle, primero, a la ciudadanía cuáles son sus verdaderas ventajas es decir, concientizándola y educándola, corrigiéndola en vivo y en directo con el rejo -me refiero a la acción punitiva- si fuese necesario y no a través de intermediarios que con sus cámaras trafican con la infracción y los infractores contando con la anuencia del Estado y, segundo, comprometiendo recursos públicos para la dotación y mantenimiento de la infraestructura de movilidad y para la construcción y reconstrucción de senderos peatonales y ciclo rutas que les brinden la mayor seguridad al peatón y al ciclista.

Quisiera uno que no hubiese que castigar a nadie, pero los niveles de atraso de la sociedad así lo exigen. Está demostrado que no es suficiente dictar las normas y atiborrar con ellas los códigos que sean, si no las acatamos y no las hacemos cumplir. Los reguladores de transito fueron sustituidos por cobradores uniformados que interrumpen a su antojo la movilidad en las vías únicamente para solicitar el SOAT, certificado técnico-mecánico, licencia de conducir y documento de identificación, equipo de carretera y cualquier otra cosa que se les ocurra por la que puedan generar una multa y la inmovilización del vehículo.

Mientras tanto, ¿quién se ocupará en Santa Marta de las motos y los carros que se paran encima de la cebra, que no respetan señales, que parquean en sitios prohibidos, que arrojan desechos a la calle, que pitan y contaminan, que se trepan en los andenes y bulevares, que cometen toda clase de imprudencias…y, quién de los buses que no recogen y descargan pasajeros en los paraderos, de los limpiadores perennes de vidrio y los vendedores ocasionales de especias en los semáforos, de las personas con discapacidad o demencia y de los indigentes que exigen limosnas? ¿Quién se ocupará, por Dios, de los peatones y ciclistas?
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