Cábalas futboleras

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Comenzó el Mundial, y asoman ya las supersticiones de futbolistas, técnicos, periodistas y aficionados. Además de la exhaustiva preparación de los equipos, hay quienes creen en ayudas extradeportivas –no me refiero al doping o a extrañas situaciones de partido– provenientes de la fe en asuntos distintos a la preparación física y mental del deportista. Amuletos, sahumerios, estampas, veladoras, monigotes o rituales configuran un surtido catálogo al que no todos reconocen acudir: para muchos, lo sobrenatural les da ese empujoncito ganador, esa esfuerzo extra, ese último aliento de triunfo. El futbol es cada día más racional, pero las cábalas no dejan de existir.

Los técnicos siempre restringen la entrada de extraños a los camerinos: la filtración de una charla puede arruinar la planeación del partido; además, un desconocido inhibe el normal desarrollo de los instructivos previos. El “Coco” Basile era firme con esa postura. Cuando dirigía al San Lorenzo, un curita, hincha excepcional, quiso entrar al camerino durante la charla técnica. “No quiero ver ni siquiera a un cura acá”, dijo Alfio. Pues, ese hincha era Jorge Bergoglio, el actual papa Francisco. Hoy, el Sumo Pontífice es un amuleto para los de Boedo quienes, gracias a su fe en el Santo Padre, han obtenido triunfos y títulos.

En México 86, Argentina jugaba contra Corea y el optimismo estaba lejano para los gauchos. Dos días antes del partido, varios jugadores salieron de compras y terminaron su recorrido comiendo hamburguesas con gaseosas. Carlos Bilardo, un cabalista redomado, consideró que si ganaban el partido, deberían repetir el poco saludable menú. La albiceleste se impuso y el ritual quedó establecido, de modo que siempre comieron hamburguesas y gaseosas antes de cada partido hasta levantar el máximo trofeo.

Usar siempre la misma ropa, evitar determinados días de la semana, hacer ciertos gestos, prender velas, evitar flores, feng shui y brújulas para garantizar la orientación o tocar el césped motivan a los entrenadores a mejores instrucciones y garantizar triunfos. En Colombia se recuerda la camisa rosada que siempre usaba Ramón Cabrero cuando dirigía al Atlético Nacional. José Pekerman usa siempre una corbata amarilla de bandas azules que adornaba su traje el día del promisorio debut contra México 2-0. Otro amuleto de nuestra selección son las medias blancas, por las cuales engavetaron las rojas tradicionales. La negativa a las entrevistas periodísticas previas a los partidos son supersticiones, dicen los allegados de José.

A Max Caimán, un extraño talismán colombiano creado en un curioso ensamble entre Álvaro Lemmon (El hombre caimán), Max Torres y Buda, se le atribuyeron poderes especiales durante el Mundial de 1994. Surgido después del 5-0 frente a Argentina en 1993, había que frotar intensamente la barriga del animal cuando los muchachos de la tricolor pisaran el césped en cada juego. Al parecer, sólo les funcionó a los creadores del muñeco quienes sí ganaron, pero billete, y en forma. Dicen que el bajón de Freddy Rincón en USA se debió a una predicción de un brujo de Buenaventura, quien le pronosticó una fractura durante ese torneo. Todo indica que los quebrantos de Rincón solo fueron mentales.

El “Tigre” Gareca, seleccionador del Perú, no puede escuchar a Marc Anthony ni ver el color verde en el camerino; Lionel Messi prefiere entrar al campo de último en la fila. Cristiano Ronaldo remoja sus zapatos en agua caliente antes de los partidos, entra siempre con el pie derecho, besa un crucifijo regalo de su madre y besa la pelota. Johan Cruyff botaba un chicle masticado en el campo contrario. El inglés John Terry siempre se sentaba en el mismo puesto del autobús del equipo cuando iba rumbo al estadio. El técnico Raymond Domenech, creyente en la astrología, basaba sus alineaciones y planteamientos según el mensaje de los astros. Laurente Blanc besaba siempre en la frente a su compañero de selección Fabien Barthez. ¿Fue esa cábala ayuda para el primer mundial francés? El gordo Ronaldo y Roberto Carlos entraban también con el pie derecho, a pesar de que el segundo es zurdo. El goleador chileno Iván  Zamorano siempre jugaba con una venda en su puño derecho, pues eso le aseguraba una buena cosecha de balones en las redes.

Sean o no ciertas, útiles o necesarias, lo cierto es que las supersticiones son inherentes al deporte, no sólo al fútbol. ¿Tiene usted la suya?

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