Petro: voto incómodo, pero necesario

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

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No hay más remedio. Si lo que uno quiere es que Álvaro Uribe no gane la Presidencia de la República, a través de interpuesta persona, una vez más, y quizás por mucho tiempo -y es altamente posible que con peligroso poder superlativo-, entonces deberá votar por Gustavo Petro, habida cuenta de la sencilla razón de que él es el mal menor por el que yo me preguntaba aquí, la semana pasada, en la última de estas columnas. Indudablemente…, lo es.

En el contexto actual, el voto en blanco no viene a ser sino el espaldarazo soterrado a quien va liderando las convenientes encuestas (por márgenes exagerados, sí, pero, al menos en parte, veraces). Por eso, votar en blanco (alternativa solo inicialmente válida) equivale simplemente a lavarse las manos y a asumir una posición muy cómoda de falso centro para evitar tomar una decisión de fondo.

Gustavo Petro no carece de méritos, por otro lado. Ha sido el arriesgado denunciante de crímenes terribles, perpetrados por delincuentes muy poderosos en este país de impunidad. Con esa actitud valerosa, con sus investigaciones serias, se ganó en soledad el derecho a ser escuchado en el nivel nacional, como lo hiciera en su época Jorge Eliécer Gaitán desde el debate en la Cámara por la Masacre de las Bananeras. (Si no hubiera sido por el cachaco Gaitán, tal acontecimiento histórico -precursor de los crímenes de Estado “inexistentes” que ya llegarían- nunca se habría aceptado: en Ciénaga, o en Santa Marta, nadie voceó los hechos con nombre propio durante mucho tiempo).

Y, como Luis Carlos Galán, Petro se ganó el respeto de estos y aquellos con sus ideas de corte patriótico, en las que el foco es el ser humano y no el establecimiento. Es decir, más allá de las dudas, Petro, como Galán hace treinta años, logró despertar, en amplios sectores de la sociedad colombiana, la legítima sensación de que Colombia puede ser mucho más de lo que es. (A Galán, como a Gaitán, como a Rafael Uribe Uribe, y como a tantos otros líderes en alguna medida anónimos, los han matado por lo mismo: plantear que este país sea más de lo que es en términos humanos).

Sabemos de la inclinación de Petro al populismo con el presupuesto público. Esto lo colegimos a partir de su única experiencia administrativa hasta la fecha: la dificilísima Alcaldía de Bogotá. En este sentido, algunas de las preguntas para el Petro de hoy podrían ser: ¿Ha usted aprendido de la insostenibilidad de sus propuestas cuando ellas no son producto de la planificación?; ¿sabe que no puede dividir al pueblo colombiano para hacer politiquería y así asegurarse fácil capital político, pues ello no solo no solucionará nada, sino que empeorará lo malo que tenemos?; y, ¿es consciente de que los perfeccionamientos en el modelo económico en ningún caso pueden implicar el desconocimiento de los derechos de unos so pretexto de la reivindicación de los derechos de otros?

En otras palabras, valdría la pena preguntarle a Petro: ¿entiende usted que gobernar es hacer equilibrismo con las políticas y dar a cada cual lo que le corresponde, gobernar para todos, no partir a la nación más de lo que ya lo está? Tiene mi voto, señor Gustavo Petro, pero no lo defraude. 

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