Lo encontré en el WhatsApp

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

Dos días después de las elecciones del 27 de mayo fui invitado al programa “No me diga más” que magistralmente conduce mi pariente Joset De Andreis en Radio Magdalena. Me había anunciado Joset que hablaríamos de los resultados del domingo y miraríamos allí quienes ganaron o perdieron en esta primera vuelta presidencial. Contrario a lo que se oye en corrillos -que ganó la democracia o la Registraduría porque se votó en paz y tuvimos los resultados a tiempo o que ganó la participación porque se redujo la abstención, que perdieron Vargas o De la Calle y esto o lo otro- logré convencerlo de que examináramos cuánto avanzamos, si nos estancamos o retrocedimos.

Comencé contándole a mi interlocutor que mientras caminaba a la emisora escuché a muchas personas rezongar airadas contra sus adversarios en la contienda, recurriendo a los más ofensivos y desobligantes  epítetos: “…ese títere…payaso sin gracia…el pobre mediocre…asesino” y bueno, de ahí para arriba. Es decir, puros sentimientos, emociones y bajos instintos actuando en la voluntad colectiva, pero en esencia nada de nada. Amo y apoyo a alguien de oídas, no porque asumo la reflexión política como un ejercicio colectivo y me allano a las conclusiones que como directrices me traza el partido, así las mayorías en franca lid me hayan derrotado.

“Cada cierto tiempo, en función de la expectativa electoral, los partidos políticos le montan al país la farsa de una supuesta rivalidad como lo hemos visto en los últimos años (…) y el país ya lo percibe así (y lo reproduce) pero, por lo mismo también desconfía de la capacidad de tales colectividades para crear opciones diferentes (de paz y desarrollo) para nuestro pueblo” sentenció en su momento Luis Carlos Galán Sarmiento y en nuestro tiempo, por un medio más actual que el discurso veintejuliero, el WhatsApp, me llega la reflexión de mi amigo y compadre Eduardo de la Hoz., ingeniero civil que poco opina sobre política pero que cuando lo hace nos pone seriamente a pensar.

“Una vez definidos los candidatos que medirán fuerzas en la segunda vuelta -escribe Eduardo- me queda claro que nuestro país está involucionando sin remedio como consecuencia de la indeseable y desastrosa desaparición de los partidos políticos. El pasado 27 de mayo compitieron cinco grupos: el Centro Democrático (Partido de la U cuando el primer Santos y Primero Colombia con el primero y segundo Uribe), un conglomerado aglutinado alrededor del líder carismático-autoritario Álvaro Uribe no es un partido político sino un grupo de personas cohesionadas por su carisma y astucia, un maestro en el uso de emociones negativas (…) para azuzar electores (…) su estabilidad estructural no tiene vocación de largo plazo, pues el líder no es inmortal.

Por su parte, -sigue escribiendo Eduardo- la coalición Colombia Humana, del líder carismático-populista Gustavo Petro, es un conglomerado de personas cohesionadas alrededor de su carisma y astucia, un maestro en el uso de las emociones positivas (esperanzas infundadas) para azuzar electores, no es un partido político y su estabilidad estructural escasamente superará estas elecciones”. Sucede lo mismo para la coalición Colombia de Fajardo, el movimiento “mejor Vargas” de Germán y la alianza Partido Liberal-ASI a cuyo desastre no vale la pena referirse, para reafirmar con Galán y cumplir de esta manera, con el cometido del programa radial, para que “no me diga más” : “…detrás de todo esto hay una nueva forma de opresión del pueblo, más sutil, más difícil de detectar y de comprender, más maquiavélica quizás, pero igualmente frustrante, injusta y arbitraria en sus efectos sobre la colectividad.

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