Promesas de alacrán

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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En las primarias republicanas  del año 2012 Romney le ganó a Santorum por solo 8 votos en Iowa.  O al menos eso fue lo que inicialmente se reportó porque al final fue lo opuesto.  Sin embargo, ninguno de los dos candidatos cuestionó el resultado.  Ambos entendieron que la solidez de cualquier democracia depende de la credibilidad y legitimidad de las instituciones.

Este principio sacrosanto de la democracia estadounidense informa otras áreas tremendamente sensibles como lo es la del derecho penal: la legalidad en la obtención de la prueba prima sobre el inmediatismo de condenar a un culpable.  Preservar la credibilidad de las instituciones y de quienes las manejan es condición necesaria para la supervivencia del estado.

No es demócrata quien permanentemente torpedea la credibilidad de las instituciones, menoscabando así los pilares de la democracia colombiana, y con ello la credibilidad misma del estado.

¿Por qué lo hace? Petro está convencido de que el sistema político y el modelo económico de Colombia son el problema. Quiere cambiar ambos. 

La moderación del discurso de Petro por conveniencia política no es creíble.  Me recuerda la historia del zorro y el alacrán.  Este último quería cruzar el rio y como no sabía nadar, le propuso al zorro que lo dejara montarse en su espalda y lo llevara al otro lado.  El zorro instintivamente desconfió diciéndole que como sabia el que no lo iba a picar.  El alacrán empleó una lógica impecable: es que si te pico nos ahogamos los dos.  El zorro, persuadido, dejó que el alacrán se montara en su espalda.  Cuando iban por la mitad del rio, el alacrán picó al zorro, y este en su agonía y antes de hundirse para morir, le preguntó al alacrán que porque lo había picado si ambos morirían, a lo que el alacrán respondió, que eso era lo que estaba en su naturaleza.

Las promesas del Petro candidato no valen el papel en que están escritas.  Allá los Verdes y los que quieran creerlas. El alacrán hará lo que está en su naturaleza hacer.  Creer que el Petro presidente no cerraría el Congreso y convocaría una Constituyente, y que no haría todo lo que estuviera a su alcance para cambiar el modelo económico, es creer en promesas de alacrán.  La argumentación es simple.  Si no va a cambiar nada, entonces, ¿para que querría ser presidente?

Petro quiere ser presidente para cambiar todo aquello que él cree está mal en Colombia.  Su biografía, su ideología y su discurso hacen predecible lo que haría de ser presidente.  Al Petro presidente no le servirían ni la Constitución ni nada del andamiaje que la soporta.  No le serviría la democracia ni la economía de libre mercado. 

La decisión de votar en blanco de aquellos que mejor conocen a Petro (Robledo, De la Calle, Fajardo y otros que vendrán) es tremendamente elocuente.  Ellos saben cuál es la naturaleza del alacrán, a punto tal, que ni siquiera la oferta de co-gobernar y en cuatro años ser el próximo presidente pudo persuadir a Fajardo. !Promesas de alacrán!  Primaron los principios y la coherencia sobre el redito político inmediato.  Esto hay que aplaudirlo.  Pedirles a los ya mencionados que adhirieran a Petro, era pedirles que asumieran una responsabilidad política e histórica que ninguna persona sensata asumiría, máxime si creen en la democracia.  De hecho, considero que la decisión de Fajardo le dio aliento de largo plazo a su movimiento por lo coherente; le dio credibilidad como proyecto político.  Haber adherido a Petro hubiera sido el beso de la muerte.

Parentéticamente, la declaración perogrullesca de Santos de que su sucesor no podrá hacer trizas el acuerdo debería ser un parte de tranquilidad para quienes piensan lo contrario.

En esta nueva historia, los ciudadanos colombianos somos el zorro, y tendremos que decidir si vamos a creer las promesas del alacrán, aun a sabiendas de que el alacrán hará siempre lo que está en su naturaleza.  Ojala el zorro de esta historia sea astuto y no caiga en el engaño de las promesas del alacrán.

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