La injusticia de la justicia

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

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El 9 de abril el país fue capturado con fines de extradición exjefe guerrillero Jesús Santrich, al enterase el presidente Santos manifestó enérgicamente:

“ no me temblará la mano para firmar su extradición”, lo dijo con tan profundo énfasis  que no guardó prerrogativa alguna, ni mucho menos un hálito de temor ni de consideración, hoy la conducta asumida por el presidente, parece que sus palabras murieron al nacer, pues días después manifestó a sus colaboradores que se debe velar por la vida del exguerrillero y por cuestiones de humanidad permitió su traslado de la cárcel La Pitoca a una sede del Episcopado de Bogotá.

El 9 de junio los Estados Unidos deben presentar la notificación formal de la extradición de Santrich,  en Colombia aún no se ha tomado una decisión severa sobre el caso del exjefe seudomilitar, más bien se encuentra más cerca de ser juzgado en Colombia, que ser procesado por una corte de Nueva York, quien lo requiere en extradición. 

  La Justicia Especial para la Paz, se extralimita al pedir congelar la extradición de Santrich, cuando solo le compete ahondar si la penalidad del subversivo se produjo después de sellar los acuerdos de La Habana.

Pretender que al levantar las conversaciones en la Habana es establecer el orden social, es llegar a una absoluta normalidad, cuando aún todo está desquiciado y confundido, cuando todo tiembla ante la perspectiva  de una nueva e inminente catástrofe, cuando muchos colombianos comprendemos, que los acuerdos firmados en Cuba, es contraria a la razón y a la justicia.    

Si alguna enseñanza suministra la historia, que acostumbra darlas tan elocuente, aunque y por desdicha tan mal aprovechada, esa enseñanza es que la Farc nunca se han parado en el camino de las concesiones. Todos los presidentes han pretendido el logro de la paz, pero las monumentales peticiones de los revolucionarios, fueron tan extremados que no brindaban ninguna garantía para un placentero acuerdo, y los gobernantes de turno, por no lastimar al pueblo, ni lesionar a los familiares cuyos hijos han dejado insepulto en los montes de la nación, como tampoco asumir las irresponsabilidades de ceder tantos privilegios y ventajas a los que de manera histórica han mancillado al pueblo, decidieron forzosamente combatirlo mediante la fuerza.

Por lo que vemos hasta hoy, la sensible conducta de JEP, no solo deja en impunidad la negociación de 10.000 Kg de cocaína, centenares de horas de grabaciones interceptadas, fotos videos y seguimientos hechos en Colombia y Miami, la entrega de cinco millones de dólares por parte de los compradores de la droga a miembros de la red en los EE UU, si no que nutre la finalidad malévola de jamás abandonar el nutrido negocio.  

 No es sensato dejar en la impunidad a protagonistas de innumerables atentados, máxime cuando su conducta han sido  la más encarnizada y pertinaz, igualmente  han dejado a Colombia en el máximo grado de abatimiento. Santos lo ha presentado a la vida social  como íconos de la armonía y la concordia, como si fuesen seres que nunca hubiese puesto a los colombianos a vivir asediados por la crueldad, como si jamás han puesto a los colombianos a vivir en intimidad con la escasez, con el desamparo, con la extorción y el terror del secuestro, como si ese grupo guerrillero hubiese llevado a los colombianos a la convivencia de una “paz  estable y duradera”.

Si con todas las pruebas fehacientes que la fiscalía conserva, no basta para la extradición del exjefe insurrecto, es tanto como irrespetar que Colombia es un Estado de Derecho, es ridiculizar las leyes del país, es intimar que la justicia ose en  realizar injusticia. De esta manera demostramos al mundo que somos un país misericordioso, mundo comprenderá la razón por qué tenemos “un Santo” como gobernante y al Sagrado Corazón como patrono. 

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