Prohibido prohibir

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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La década de los 60 marcó un hito histórico que muchos se niegan a reconocer y, menos aún, a aceptar. Pero el pensamiento insubordinado es contrario a los absolutismos, y estos creen posible acabarlo a balazos. En esos tiempos, el mundo rígido y rancio se oxigenaba con renovadores aires libertarios, nuevas ideologías y nacientes doctrinas políticas. Estaba en su apogeo la Guerra Fría, pero las juventudes cuestionaban los sistemas políticos del mundo bipolar y las guerras e invasiones de las potencias a países débiles pero estratégicos, el consumismo y las desigualdades sociales. Surgen entonces hechos tan disímiles como la aparición de los hippies y la contracultura en Estados Unidos, la entronización de la filosofía hindú en Occidente, la Revolución Cubana, la independencia de varias naciones africanas, la Guerra de Vietnam, la invasión soviética a Praga, los asesinatos de los Kennedy y de Luther King, la rebeldía de los negros contra el apartheid, las huelgas de la UNAM y UCLA, el mensaje esperanzador de los Beatles y Bob Dylan, el festival de Woodstock, pero sobre todo, la huelga de estudiantes y obreros en Francia durante la primavera del 68.

Superada la Segunda Guerra Mundial, Francia vive una época de prosperidad al mando de Charles de Gaulle. Pero muchos ciudadanos no recibían sus beneficios. La crisis pronto asomó: el desempleo subió a niveles tan altos que, en 1967, el gobierno creó la Agencia Nacional Para el Empleo. Las industrias decaen y son entonces 2 millones de trabajadores subsidiados, sin prosperidad alguna. El poder adquisitivo bajaba, las condiciones de trabajo eran preocupantes, y las barriadas irregulares -bidonvilles- crecían por todo París. La más grande, en Nanterre, estaba frente a la universidad que originaría la famosa huelga.

La revolucionaria Francia, libertaria y vanguardista, cuna de los derechos humanos, se enfrenta ahora en un dilema: reprimir la huelga o reconocer los derechos vulnerados. Allá, los cupos universitarios aumentaron considerablemente después de las guerras de Indochina y Argelia, el Vietnam francés, para atender la demanda de una población que, antes rural, ahora reclama educación. La academia francesa es reconocida por su enfoque humanista, universalidad y pensamiento crítico, pero también por su estructura vertical, autoritarismo y centralismo, especialmente ostensible en 1968; los estudiantes carecían de voz y voto, poder y capacidad de negociación para proponer una educación acorde con los tiempos. El Movimiento 22 de marzo, liderado por Daniel Cohn-Bendit (Dany el Rojo) inicia su protesta en Nanterre cuando en París se realizaba la Conferencia de Paz para Vietnam. De Gaulle cierra la Universidad de Nanterre y la protesta se traslada ahora a la mítica Sorbona; enfrentamientos entre estudiantes, intervención policial y cierre. Detienen por “terroristas” a Cohn, Sauvageot (otro líder estudiantil) y a otros 600 alumnos. El Barrio Latino, el de Gabo, fue el refugio de los protestantes, las barricadas se convirtieron en símbolos de libertad y los adoquines de las calles, en sus armas. “Prohibido prohibir”, “La imaginación al poder” y “Sean realistas, pidan lo imposible”, fueron los lemas bandera de esa nueva revolución francesa. Los obreros, buscando mejoras en sus condiciones, se suman a la rebelión y paralizan al país. Sin embargo, las exigencias estudiantiles y las de los obreros eran disímiles. No era, pues, una protesta homogénea. El efecto bumerang cobró por ventanilla; la población que antes apoyaba la huelga, se rebela ahora contra los protestantes. De Gaulle rompe el paro negociando con los trabajadores y reprimiendo a los estudiantes, más radicalizados. Cohn-Bendit, judío y renegado francés, nacionalizado alemán, fue expulsado de Francia. El antisemitismo estaba vivo, y la expulsión del líder estudiantil contenía varios simbolismos. Con el péndulo de su lado, De Gaulle triunfa en las legislativas de junio, dejando a la izquierda y a los estudiantes sin representación, y estos abandonaron su lucha.

¿Triunfo o derrota de la revuelta parisina? En mayo de 1968, la política derrotó a los estudiantes, pero estos obtuvieron el derecho de cuestionar a la autoridad, cualquiera que sea. Los partidos políticos incorporaron varias propuestas de los trabajadores rebeldes sus causas. Pero la imaginación no ha llegado al poder y las guerras siguen matando al amor; el prohibicionismo campea. A Colombia todo llega tarde y distorsionado, y aun cuando arribaron las noticias de esa primavera parisina, acá todavía dominan los rancios hedores del siglo XIX. Incluso, mucho más arcaicos.

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