El flagelo imperante del narcomenudeo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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El tráfico de alucinógenos en pequeñas cantidades en Colombia es un problema palpable y creciente que tiene origen en causas y factores comunes; la drogadicción como resultado de esto no tiene clases sociales; en ella están involucrados ricos, pobres, blancos, afros; todos comparten una necesidad, el deseo de descubrir algo nuevo que más tarde guiado por un perverso contexto de redes sociales, se constituye en un panorama de intensidad que a través de la adicción conducen al joven a la perdición.

Opinar si el drogadicto es capaz de salir de ese mundo abismal, debe ser un concepto exclusivo  para quienes han tenido la experiencia de ingresar a ese infierno y luego de sentirse totalmente acabado, destruido, puede con decisión valiente vencer este maligno problema de carácter psicopatológico. En conclusión, para salir del mundo de la drogadicción, algunos sostienen que el drogadicto no tiene cura; éste tal vez, es un concepto irresponsable, pues todo problema tiene solución, menos la muerte. Ciertamente las alternativas de cura de este problema, se logran a través de procesos muy difíciles; ello está supeditado a la preparación académica, espiritual e intelectual del ser humano, conforme a las revelaciones suministradas por personas que han sido azotadas por las drogas, que incluso han llegado a lo más bajo de la desgracia, que todo lo han perdido: padres, esposos (as), hijos, estudio, empleo; nos han respondido que su cambio de conducta vía a la salvación, ha sido posible gracias al consejo insistente de amigos; pero lo más importante es concientizarse que el fenómeno que está viviendo lo está destruyendo. Este autoreconocimiento es sin lugar a dudas el motor para que miles de drogadictos emprendan una nueva vida hacia un funcional cambio integral.

Alrededor de esta circunstancia se puede afirmar que el aporte que hace el Estado es realmente muy insignificante; no conoce la palabra rehabilitación del adicto. Para nadie es un secreto que este es el gran negocio de algunos, pues al jibaro lo capturan, le realizan la audiencia y lo sueltan ¿No hay donde tenerlo?

Lo desastroso de este acontecimiento real es que los comercializadores de drogas, son los primeros responsables de tanta delincuencia desatada en el momento, principalmente en el escenario educativo, que puede ser controlado a través de un efectivo plan estratégico; en este deben intervenir todos los estamentos sociales; la meta es desarraigar este maldito flagelo en todas sus dimensiones. No hay que olvidar que el delincuente, aquel que atracó, apuñaló, antes de hacerlo consume determinada cantidad de alucinógeno, con la finalidad de envalentonarse, cometer la fechoría, cercenar vidas; sesgando el uso de la razón, de perder el control muchas veces.

¿En qué podemos contribuir para contrarrestar este serio problema? todos, unidos debemos articular acciones encaminadas a la formulación y ejecución de planes que protejan, conserven la sana convivencia de la sociedad, con prioridad los niños. Inicialmente se propone el desarraigo de ollas, para evitar así  que este flagelo se expanda día a día más. Es fundamental organizar, incentivar y orientar hacia la utilización de prácticas (artes, deportes), que permitan vivir sanamente, que logren avances y logren superar la crisis ética que vivimos. Por fortuna a través de la educación el drogadicto puede llegar a autoreconocerse y encontrar un camino de rehabilitación, un contexto de mejoramiento permanente y continuo, gracias a la capacidad autocritica que cada quien maneje.

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