Un merecido premio que nunca llegó

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: [email protected]

Jorge Luis Borges, muchas veces nominado al Premio Nobel de Literatura, jamás recibió ese preciado honor. “No darme el premio Nobel se ha convertido en una tradición escandinava”, dijo en alguna entrevista. Incluso, Mario Vargas Llosa manifestó sentir vergüenza de recibir el premio que siempre se le negó a Borges. En muchas profesiones pasa lo mismo: no siempre ganan los que deben y no siempre merecen los premios quien los reciben. El fútbol no es la excepción.

Fuentealbilla, ignota población en Albacete (España) con algún rastro de la presencia romana, acreditaba escasos 2.000 habitantes en 1984 cuando nació su único personaje famoso, Andrés Iniesta, sin duda el mejor futbolista ibérico de la historia. Proveniente de las inferiores del Albacete Balompié, fue fichado por el Barcelona a los 12 años de edad. Pronto se convierte en un referente de la Masía; despega con fuerza ganando sendos títulos europeos con las selecciones españolas Sub 16 y Sub 19. A los 18 años debuta con la blaugrana al lado de figurones históricos: Puyol, Luis Enrique (quien después lo dirigiría), los argentinos Riquelme y Saviola, su inseparable amigo Xavi Hernández, y los holandeses Kluivert y Overmars, entre muchos otros. Su extensa cosecha de títulos con el Barça comienza en 2004 de la mano de Frank Rijkaard: dos Ligas consecutivas y su primera Champions en 2006 frente al Arsenal.

La llegada de Pep Guardiola al equipo blaugrana y de Luis Aragonés a la “Furia Roja” plasman una época gloriosa en su carrera: entre 2008 y 2012 gana todo. Dos Eurocopas consecutivas, el único campeonato mundial de España con su decisivo gol en la final frente a Holanda en Sudáfrica y, con el Barça, el único sextete de clubes en la historia durante la misma temporada: Liga Española, Copa del Rey, Supercopa española, Champions League, Supercopa europea y Mundial de Clubes. Entre el “taqui-taqui” español y el fútbol elegante de Guardiola pudo desarrollar a plenitud su mejor juego: todo estaba a su medida. Se le alinearon los astros: con los blaugranas jugó al lado de monstruos como Xavi, Dani Alves, Puyol, Pedro, Busquets, Messi, Ronaldinho, Eto´o y Deco, entre muchos más. Sí, los genios deciden los partidos, pero siempre necesitan un director de orquesta para triunfar, y Andrés ya era el dueño de la batuta. Con sus compañeros del Barcelona constituye la columna vertebral de la selección absoluta. Con los extranjeros y otros ibéricos, el Barcelona de Iniesta se alza con todo lo que puede, arrollador, indestronable, fantástico, glorioso.

No es Andrés el preferido de los medios o publicistas, tampoco el extravagante rockstar ni el de vida licenciosa. Nada de peinados estrafalarios o coloridos tatuajes. Serio, elegante, discreto en su vida y descomunal en la cancha, el gran capitán ha sido efectivo conductor de su tropa, demuele las defensas rivales con sus genialidades, y marca goles clave. Con justa razón ha sido llamado “El Cerebro”; todos los balones pasan por sus pies y los distribuye con maestría, anticipando varías jugadas adelante. No corre a velocidades vertiginosas; tampoco es autor de imposibles gambetas o exquisitas florituras. Simplemente, su cerebro trabaja tan rápido que puede intuir la marca de un defensa o el movimiento de la retaguardia rival, realizar una gambeta decisiva o un pase de gol que tome descolocados a los rivales, o lanzando certeramente al arco rival. Sus jugadas no son accidentales; hay un propósito definido en la mente de Iniesta. Sus compañeros siempre saben dónde y cuándo moverse. Son jugadas preparadas, claro, pero desarrolladas con tal sencillez y desenvoltura que parecen fáciles; sin “El Cerebro”, otro gallo cantaría.

Con 37 trofeos es, junto a Lionel Messi, el jugador más laureado del equipo catalán. Cuatro Champions, un mundial de selecciones y muchos otros adornan su galería. Ocho nominaciones consecutivas al Balón de Oro desde 2009 hablan de su categoría, aunque jamás obtuvo ese Premio. Lamentablemente coincidió en los gloriosos tiempos de Messi y Cristiano Ronaldo, dueños del anhelado galardón desde hace 10 años. Iniesta finaliza su prolongada etapa en España como campeón de la Liga y la Copa del Rey, y leva anclas hacia la China para finalizar allí su fulgurante carrera deportiva. Seguramente cosechará más triunfos, pero en sus anaqueles siempre quedará nostálgico el espacio para ese trofeo que merecidamente debió ser suyo pero jamás llegó.

Publicidad