¿Les sonará la flauta?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

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En los últimos debates electorales de cara a la Presidencia de la República no se ha podido construir una tercería con vocación de poder.

En las elecciones en las que no estaba en juego la reelección presidencial, la carrera estuvo más diversa, como ahora; aunque, al final de cuentas, casi siempre terminan sacando la cabeza los mismos con las mismas. La alternatividad queda en ascuas, con la romántica idea de que votamos con el corazón en la primera vuelta y después nos toca, por miedo o con razón, en la segunda vuelta, apostarle al caballito ganador. No obstante, en esta coyuntura es un volado especular, si no habrá segunda ronda entre contrarios o de una misma tendencia.

 En 2010, el batazo lo dio la llamada ‘ola verde’ pegada con Mockus, que después se le bajó la espuma, en la segunda vuelta, con los bandazos de su candidato y la unidad de acción del establecimiento. En aquella ocasión, como ahora, exceptuando a los conservadores, se presentaron candidaturas sin opción real que llegaron a primera vuelta, por ejemplo, con votaciones del antiguo “glorioso” bipartidismo que sumadas por poco superan el 10% del censo electoral.

 En 2014, ya con una reelección a cuestas, hasta el progresismo se ubicó, sólo por la Paz, con Santos en la primera vuelta, a pesar de lo cual fueron derrotados por el Centro Democrático con menos de un tercio de la votación y en el podio, de tercera, quedó la “fuerza que decide” de los conservadores, dejándole un decente cuarto lugar a la coalición entre el Polo Democrático y la UP, con la grata sorpresa de su votación de cerca de 2 millones de votos. Luego todos los que quedaron rezagados, se unieron a la polarización entre el anhelo de Paz y la continuidad del conflicto. La paloma de la Paz venció pero terminó herida, como ahora que parece que quienes le apuestan, arriesgarían su capital político.

 Llegamos a la fotografía de este momento político, en el que se halla a Duque reaccionando a su despegue desde las consultas interpartidista, metiendo miedo y resistencia al cambio, ganando adeptos de muchos sectores y amalgamándose con el velo en los ojos de quienes piensan que está bien el país en el que vivimos y la forma en que su gente se comporta. Está Vargas Lleras pegándole a su apuesta de ser una opción frente a la polarización, con su slogan de que es mejor con él seguir como vamos. Está Vivian, pastoreando el rebaño protestante. Está el fenómeno Petro, llenando plazas, con un discurso esperanzador, acorde con la democracia moderna y en sintonía con las masas. Está la coalición Colombia, con los cálculos matemáticos de Fajardo. Está la quizás mejor dupla, que enarbola la tristemente descocida bandera de la Paz, entre De La Calle y Clara López, en este incoherente país político en el que si hubiera una pizca de democracia, estarían galopando en la punta de la carrera y ahora están, más bien, al trote, y con muchos de sus simpatizantes, dejándolos solos, para que se induzca termine la fórmula con guarismos similares a los que obtuvo el nuevo partido de las desmovilizadas Farc en las elecciones a Senado. Están las encuestas que nos dicen que si se unen los tres últimos, no habría segunda vuelta, porque ganarían a voto limpio, pero que anuncian que en las actuales circunstancias, ésta es casi segura, así los candidatos que han picado adelante declaren, quizá con triunfalismo, que ya ganaron las elecciones.

 Entretanto, se evidencia una gran dispersión de los sectores alternativos, que sumado a la radicalización del establecimiento, sería el caldo de cultivo perfecto para que, por ese embudo, se filtre la inminente polarización de la siguiente ronda, si es que hay; mientras los rezagados, a pesar de saber, en sus cálculos políticos que iban a perder, se lanzan para dejar constancia de una votación decente que consideran será la fuerza determinante en esta nueva instancia. En ese escenario del crucial momento de las postrimerías de la segunda vuelta, se jugarán el todo por el todo en eventuales alianzas con tapabocas, en vez de apostarle a ganar en primera vuelta en una gran convergencia democrática. Ojo visor, si el establecimiento se vuelve a enfrentar entre sí, en un juego de yo con yo, se frustrará la esperanza de arrebatarle el poder a quienes lo han detentado desde que se fundó nuestra república. En un escenario más positivo, si se enfrentan las fuerzas alternativas, sólo con el voto de opinión, al establecimiento, lo más seguro es que sea una pelea de tigre con burro amarrado. Piénsenlo: ¿les sonará la flauta?

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