Paraísos siniestros

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Jorge Taboada, un arquitecto mexicano aficionado a la fotografía, presentará en la próxima Trienal de Hamburgo un trabajo bastante conmovedor: la visión aérea de las viviendas de bajo costo en México. El proyecto “Alta densidad” inició desde 2010, y documenta la hermosura geométrica del hacinamiento en el que vive buena parte de la población de su país. Las casas de bajo costo se han multiplicado en los suburbios de allá y de muchos países. El trabajo fotográfico, realizado en buena parte con drones –anteriormente con helicópteros-, muestra la perfección lineal de las viviendas, deplorables edenes, estrechos, sin patios traseros ni zonas verdes comunales, alejados de las urbes y de enfermiza incomodidad. Sí, viviendas de menos de 50 metros cuadrados, casi sin espacios vitales y nada funcionales, en los cuales no hay siquiera un árbol al frente y menos un parque con bosques y florestas que alivien la resolana en tiempos de calor, oxigenen los conjuntos y calmen los espíritus.

“Al ver esas construcciones que se hacen en serie pienso en grandes compañías constructoras haciendo mucho dinero, sin mucha regulación”, dice Taboada. Observando las fotografías del arquitecto se entiende el mensaje denominado “Paraísos siniestros”; un doloroso contraste entre la prolija ejecución arquitectónica y la humillante estrechez de las viviendas. Un crítica directa a las casa de bajos costo que tanto abunda ahora. Preocupado por la despersonalización de la vivienda, Taboada describe esas reducidas cajas de concreto como bombas de tiempo, no preparadas para los climas en los lugares en que fueron construidas.

Para dimensionar la magnitud de la tesis del regiomontano, imaginemos por un momento los ranchos de los cerros de Caracas, las colmenas en el barrio de La Boca en Buenos Aires, las favelas de Rio de Janeiro, las casuchas de Cazucá en Bogotá o los barrios de invasión en cualquier población colombiana. Un común denominador de las megalópolis latinoamericanas, en donde cualquier espacio es útil para construir una choza (literal), más allá de la precariedad, las carencias y los riesgos inherentes al sitio (derrumbes o inundaciones), amén de la inseguridad resultante. Realidad invisible a ras de piso, es fuente de violencia intrafamiliar y de violencia social causada por la ambición de compañías constructoras interesadas únicamente en ganar dinero a manos llenas sin consideración alguna por sus clientes.

Póngase usted por un momento en los zapatos de cualquier habitante de los extramuros. La difícil vida desde la madrugada temprana entre más personas de lo adecuado –hacinamiento- para salir a tomar un transporte en el cual debe pasar casi siempre varias horas para ir a realizar labores mal remuneradas para regresar durante un tiempo por lo menos igual para llegar a una casa atiborrada en la que el descanso será imposible. El fin de semana no tendrá un parque de esparcimiento cercano; quizás ha habido líos de vecinos, nuestro personaje habrá sufrido robos, agresiones y un sinnúmero de situaciones generadores de estrés, causantes de afecciones sicológicas. El déficit habitacional no es únicamente la carencia de vivienda propia; se refiere también a la insatisfacción de servicios básicos y medios de integración social (vías, escuelas, comercio básico, seguridad, entretenimiento, etc.) además de afecto (familia, vecinos, amistades). Y en condiciones de la estrechez de la vivienda y el conjunto habitacional difícilmente se pueden satisfacer tales necesidades.

Abraham Maslow planteó por primera vez la pirámide de necesidades, pero Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn desarrollaron una nueva taxonomía de necesidades humanas bastante más compleja y otra metodología para identificar la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Ser, tener, hacer y estar se conjugan con 10 necesidades específicas. Max-Neef identifica cinco elementos satisfactores. Más allá de las complejidades analíticas, cabe entender que en esos panales de vida estrecha es imposible satisfacerlas, que la generación de violencia intrafamiliar, de género y social es inevitable.

Desde las épocas de las cavernas, el anhelo de los seres humanos es tener un lugar cómodo donde vivir. Como con el viejo chiste, uno se ilusiona con una mansión, se conforma con una casa cómoda, pero no hay derecho a ser obligado a vivir en esos agresivos y alienantes paraísos siniestros dónde la única relación posible con los sentidos es el cemento.

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