En busca de un partido extraviado

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Escrito por:

Eduardo Barajas Sandoval

Eduardo Barajas Sandoval

Columna: Opinión

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¿Qué debe hacer la dirigencia de un partido socialdemócrata, en otra época mayoritario y protagónico, con larga experiencia de gobierno, ante la debacle electoral de haber obtenido apenas un poco más del seis por ciento del apoyo popular?

Ante el abandono, o el rechazo, de los electores, la fórmula de supervivencia de un partido sumido en semejante crisis es clara: reemplazar a los dirigentes que llevaron a la derrota, y revisar también la idoneidad de su programa, dentro del marco de sus postulados esenciales. Con el reto adicional de escoger adecuadamente la dirigencia de relevo y acertar en la formulación de un proyecto renovador, cuyo éxito siempre dependerá del veredicto ciudadano. 

Luego de haber gobernado precariamente, bajo el mando de François Hollande, el Partido Socialista Francés sufrió dos derrotas consecutivas que lo han puesto en el borde del precipicio. En las elecciones presidenciales, y después en las parlamentarias, los socialistas obtuvieron en 2017 el peor resultado de su trayectoria. El programa de su último candidato presidencial quedó relegado ante el empuje del híbrido que resultó triunfante en cabeza de Emmanuel Macron. Pero la crisis va mucho más allá y tiene que ver con la idoneidad de las propuestas del partido para solucionar los problemas del país de hoy, que no se sabe si espera o no algo diferente de lo que en sus momentos de gloria ofrecieron sus líderes históricos.

Antiguos militantes perdieron la fe en una socialdemocracia que terminó por ser un afluente más de la corriente neoliberal que se alcanzó a entronizar en algunos países como alternativa de gobierno al comienzo del siglo XXI. Prefirieron irse, en lugar de permanecer fieles a un proyecto desteñido, que no es el de sus ilusiones y sus creencias originales. Otros han terminado por aceptar la alquimia de fórmulas de compromiso, pues para ellos los postulados de su partido perdieron vigencia, y han preferido migrar hacia formaciones políticas que ofrecen opciones de manejo coyuntural de problemas, a la medida. El hecho es que se ha producido un drenaje en la militancia, y en el soporte financiero, que amenaza la existencia misma del partido.

Los protagonistas del proceso de selección han hecho eso sí carrera, desde abajo, dentro de las filas del partido. Su experiencia comenzó en las tareas auxiliares de dirigentes nacionales. También han tenido experiencia en el foro de la Asamblea Nacional, en las oficinas de dirección del proyecto socialista, y en cargos de significación en el gobierno. Como era de esperarse, la escogencia de nuevo jefe debía hacerse entre propuestas más o menos radicales respecto de los ideales puros de la socialdemocracia, o más próximas a nuevas fórmulas de manejo de la economía y del estado.

Olivier Faure, el nuevo Secretario General, es hijo de un francés y una vietnamita. Entró al partido a los 16 años. Perteneció al grupo de apoyo de los radicales de izquierda liderados por Michel Rocard y resultó elegido como Secretario General de los jóvenes socialistas. Fue presidente del grupo socialista en la Asamblea Nacional, donde también fundó un grupo llamado Nueva Izquierda. Trabajó en la Secretaría General del partido con François Hollande. Fue consejero del Primer Ministro Jean Marc Ayrault, y después diputado por Seine-et-Marne. No es hijo ni pariente ni recomendado de ningún gran “jefe natural”, como se acostumbra en remedos de partidos y democracias tropicales. Tampoco tiene asegurada su mayoría al interior de los socialistas, que alojan vertientes distintas y contradicen con frecuencia la orientación del partido, al tiempo que contribuyen a enriquecer la amplitud de su oferta.

La propuesta que le llevó a la Secretaría General fue la del “renacimiento” de la más importante formación política de la izquierda francesa. Proyecto que piensa desarrollar a través de un proceso de renovación de abajo hacia arriba, sobre la base del diálogo permanente con quienes deben ser protagonistas principales de la animación de la vida política, que son los militantes del partido y los ciudadanos. A ello deberá agregar una aguda observación y una imaginación creativa, ante los nuevos desarrollos de la economía, la sociedad, la cultura y la tecnología.

Cuando el laborismo británico trata de retornar a sus principios originales y los socialistas alemanes forman parte de una coalición “neutralizante” con los conservadores, en manos del nuevo conductor del socialismo democrático francés está la oportunidad de hacer aportes innovadores a la causa común en este momento de confusión conceptual y pragmatismo extremo.

Con la mirada puesta en las elecciones municipales de 2020, verdadera prueba popular de la validez de su propuesta, Faure y su equipo deben concebir una alternativa de izquierda democrática creíble, compatible con el desarrollo económico bajo el modelo europeo, que no deje rezagados a esos sectores sociales que, cuando pierden poder político y económico, por lo general como consecuencia de las fórmulas poco humanas del capitalismo salvaje, llevan a la sociedad a revivir desequilibrios que demeritan el verdadero sentido de la democracia.

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