Coaliciones y traiciones

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Escrito por:

Wilfrido De la Hoz

Wilfrido De la Hoz

Columna: Opinión

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Los colombianos estamos viviendo el momento más locuaz que se haya podido vivir en la historia de campañas políticas para la Presidencia de la República. Esto se debe, en gran parte, al momento social, político y económico que vive la Nación, a la dinámica de los medios de comunicación abiertos al debate, y por supuesto al uso intensivo de las redes sociales, como debe ser.

Como quiera que hay varios aspirantes con opciones diferentes para alcanzar la Presidencia, pero con escasas posibilidades de lograrlo individualmente, y teniendo en cuenta que esa meta puede alcanzarse en una primera vuelta o en una segunda vuelta, se hace necesario que los candidatos exploren la posibilidad de hacer coaliciones entre ellos para fortalecer al de mayor posibilidad de ganar.

Esas coaliciones o acuerdos de voluntades anunciados con bombos y platillos, soportados primariamente en la ilusión de ganar la Presidencia, Vicepresidencia, una curul en el Senado y otra en la Cámara de Representantes, guardan el secreto de sus generadores quienes afirman que en realidad recogen el ideario político de sus seguidores, concertado mediante un sello de garantía sobre  ideas, principios partidistas y programas. No muy pocos perciben que también lleva incluido un alto contenido burocrático.

No obstante, estos acuerdos tropiezan con un fuerte distractor, representado en una visión política personal o en una perspectiva diferente de intereses de los votantes que los coloca fuera de control electoral, pues no es fácil pretender que quienes votaron por un valor, interés, beneficio o candidato en la elección anterior van a hacerlo en el futuro, en la misma dirección o que quienes aparentemente representan a estos votantes en el Congreso van a actuar en consecuencia.

En Colombia, se ha venido haciendo ese experimento de coaliciones desde hace varios años debido a la proliferación de partidos y movimientos representativos de ciudadanos que han logrado, mediante firmas, inscribir su candidatura para aspirar a cargos de representación popular. Esa estrategia electoral ha provocado traiciones a montones, porque en su concepción, prima en realidad, el interés particular sobre el interés general, debido a la perversa descomposición de la sociedad.

 Esa manera de enlazar votos mediante coaliciones previas a una elección, pactadas entre representantes de partidos con poca credibilidad en sus electores y por lo tanto reducidas posibilidades de ganar, no ofrece garantía de seriedad política a la Nación. Eso se ha visto en Colombia en donde subsiste el deseo de poder, a las buenas o a las malas, incluyendo la traición a los principios de honestidad política y por ello traición a lo más preciado, a la voluntad popular.

Las coaliciones de gobierno son comunes en otros países en donde un partido político no alcanza las mayorías parlamentarias para poder gobernar; aunque allí también se presentan traiciones en las coaliciones, porque la traición se produce cuando alguien en quien creíamos confiar nos juega una mala pasada, hablando mal de nosotros o fallando a un compromiso que había adquirido.

Por lo anteriormente expuesto podemos recoger la frase del gran escritor peruano, premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa cuando afirma que: “Está llegando la época en que la honorabilidad es la excepción y la traición es la norma”

@WILFRIDODELAHOZ

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