Catatumbo, Urabá, Tumaco y la frontera con ecuador

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Se sabía que un país como Colombia que ha vivido en guerra durante gran parte de su historia, no iba a lograr consolidar el proceso de paz con las Farc fácilmente.

Además, la experiencia en el mundo ha dejado en claro, que estas etapas de principios del posconflicto son traumáticas y se constituyen en verdaderos retos para las sociedades que inician ese proceso. Aunque estas preocupaciones se habían repetido hasta el cansancio, la verdad es que por lo menos en estos momentos, no deja de sorprender la cantidad de eventos que ponen en duda la viabilidad de lograr la esperada calma y seguridad que debe generar en algún momento este tipo de acuerdos entre el Estado y grupos opositores.

Por ello es fundamental analizar con una mirada objetiva lo que está sucediendo actualmente en el país. Sin desconocer otros problemas de inseguridad y conflictos, la verdad es que hoy Colombia tiene tres focos que algunos califican de guerra civil. Por los hechos más recientes, Tumaco y la frontera con Ecuador es la primera que debe analizarse. Cuánto tiempo hace que se sabe, primero, que no manejamos esta frontera con Ecuador y que por ello se le ponen adjetivos como frontera caliente o frontera porosa. Segundo que Tumaco es un polvorín donde alrededor del narcotráfico, de ser parte de esas rutas de comercio ilegal, allí los distintos tipos de violencia se reproducen en la profunda pobreza, en la ausencia ya histórica de presencia permanente del Estado.

En fin, en una zona históricamente abandonada y explotada por bandas criminales, se anuncian planes, pero la prueba fehaciente del fracaso es lo que acaba de suceder con el asesinato d elos tres periodistas ecuatorianos que tienen al gobierno colombiano en medio de una difícil situación diplomática. Es evidente que el pueblo ecuatoriano no se va a contentar con nuestra solidaridad e inclusive el dolor por estos asesinatos, sino que quiere claras explicaciones.

Para nadie es una sorpresa que el Catatumbo se ha convertido desde hace tiempo, en tierra de nadie. El Estado colombiano no ha podido controlar lo que allí sucede y el país ve con desconcierto que lejos de resolverse el conflicto con el ELN, otros subgrupos guerrilleros y mafias de narcotraficantes, la población de esa parte del país se siente absolutamente acorralada y abandonada. Y como si lo anterior no fuera ya suficiente, el Urabá sigue siendo zona de desplazamiento onde las distintas bandas de narcotraficantes, de bandido y malhechores siguen haciendo de las suyas sometiendo a la población de esa zona a todo tipo de amenazas que han generado salidas masivas de población.

La pregunta que cabe es por qué, si ahora a diferencia de lo que ha sucedido en los últimos 50 años, no se trata de un conflicto generalizado sino ubicado en tres puntos específicos del país, el ejército y todos los responsables en el estado colombiano no han podido focalizar sus esfuerzos y generar algunos resultados, si no en todos los tres focos actuales de violencia por lo menos en alguno de ellos.

Algo muy serio está pasando en las instituciones responsables de preservar el orden público porque lejos de observarse avances lo que es evidente es el crecimiento de estos conflictos que pueden llevar a situaciones aún peores en nuestras fronteras. Es hora de que el gobierno reconozca la gravedad de esta situación que puede acabar con el apoyo a un precario a esta difícil etapa del posconflicto.

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