A exprimir la naranja, que el zumo sea la innovación y el desarrollo

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Escrito por:

Luis Tabares Agudelo

Luis Tabares Agudelo

Columna: Opinión

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La OMPI es el foro mundial de la propiedad intelectual que pertenece a las Naciones Unidas desde 1967. Cuenta con 191 Estados miembros -incluida Colombia-. Su misión es la iniciativa en relación a la propiedad intelectual que lleve creatividad e innovación en beneficio de los comerciantes de este sector y los usuarios.  

El columnista Héctor Medina Carrascal en artículo publicado por el Informador del Magdalena explica en forma clara que según cifras del foro, la “economía naranja” aportó en 2017 cerca del 3.4% del Producto Interno Bruto de Colombia: “para expresarlo en plata blanca movió la suma de 18 billones de pesos”.

Del mismo modo Ramsés Vargas Lamadrid en columna en la Revista Semana nos trae en palabras simples lo que significa este tipo de economía para el país:  El Carnaval de Barranquilla es la muestra perfecta de lo que vale, lo que aporta y lo que pesa la economía creativa (naranja), ya que en estas festividades se emplean artistas, músicos, diseñadores, confeccionistas de ropa, publicistas, fotógrafos, coreógrafos, arquitectos, presentadores y asesores, entre otros, todos relacionados con la logística y la producción de los diferentes eventos; sin mencionar los aportes económicos a los sectores tradicionales de industria y comercio, así como a los servicios de transporte, hotelería, servicios médicos, etc.

En ese sentido, estos dos columnistas nos muestran el camino abonado que debemos seguir los colombianos porque es hora de empezar a dejar quieta la tierra de minería y comenzar a pensar como un país desarrollado.

Como traigo a colación a mis dos colegas locales, es necesario entonces echar una mirada a nivel internacional: de acuerdo al informe del Banco Interamericano de Desarrollo –BID-, llamado “El futuro de la economía naranja: Fórmulas creativas para mejorar vidas en América Latina y el Caribe”, citado por la revista P&M especializada en temas de publicidad y mercadeo: parte de cinco motores de cambio a nivel global y proyecta su impacto en 10 ámbitos de innovación en las industrias creativas y culturales, como la designa el BID. Disciplinas como las artes visuales, el diseño gráfico, la música, la moda y los juegos digitales, generaron en 2015 ingresos de US $124.000 millones, y fomentaron empleo a más de 1,9 millones de personas en la región.

Mientras tanto como  el petróleo viene en picada hoy se piensa muy en serio en energías menos dañinas para el medio ambiente, articulando con estas, a la agricultura y el turismo para que juntas empujen de la cuerda para el mismo lado, ahora se une la economía naranja  –que según la OMPI- hace mayor aporte al PIB nacional que el que hace el café y la minería juntos.

Leer la ley 1834 de 2017 –por medio de la cual se fomenta la economía creativa, Ley Naranja- es sencillo y fácil de entender,  está contenida en cinco páginas y quince artículos. El primero corresponde al objeto: desarrollar, fomentar, incentivar y proteger las industrias creativas. Estas serán entendidas como aquellas industrias que generan valor en razón de sus bienes y servicios, los cuales se fundamentan en la propiedad intelectual.

Igualmente, el gobierno central le otorga la importancia necesaria a la Economía Naranja al desarrollar medidas necesarias para su promoción, protección y reconocimiento creando la Política naranja dando herramientas para el desarrollo de la ley.

Hoy que estamos en época de vacas flacas, uno de los puntos neurálgicos sería la financiación para lograr el objetivo. Según el artículo 15, el Banco de Desarrollo Empresarial y Comercio Exterior (Bancoldex) estará encargado de crear mecanismos de financiación a emprendimientos creativos.

Hoy Colombia es totalmente innovadora, en Medellín vemos a los paisas cada día más orgullosos de su fiesta de las flores y llevando domicilios en Drones. Los Caribes con sus fiestas y carnavales cada año más industrializados dan ejemplo de economía solidara. Los boyacos, negociantes y emprendedores. Los rolos metódicos, pujantes, duros en televisión, teatro y mucho más. Los habitantes del eje cafetero con su sencillez, excelentes en fiestas, atención y turismo. Los pastusos con su economía de frontera pero igual de importante con su carnaval de blancos y negros y el sabroso cuy. Los llaneros que deben empezar mostrar sus fiestas al mundo.   Y, por último,  los chocoanos que son los que más zumo le pueden exprimir a la naranja con San Pacho, todas sus fiestas y sabrosa comida.

En síntesis, los alcaldes y gobernadores deberán jalonar los fondos para que Colombia se convierta en la potencia económica de Sur América. Para eso fue que nos dimos la pela en alcanzar la paz. Ya es hora. No hay más camino.

Para concluir, los colombianos debemos estar a la expectativa de innovar. Y, no  dejemos de lado todo el potencial que se viene con la inteligencia artificial.

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