Manipulación a la carta

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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El fundador de Facebook se levantó un día de la semana pasada, y ya no estaba en la lista de los cinco hombres más ricos del mundo.  Todo por cuenta de la acusación de que ayudó a Cambridge Analytics en la manipulación de electores.  Mark Zuckerberg ha sido citado por el Congreso a presentar descargos.

La reacción de la bolsa castigando la acción de Facebook sorprende y no sorprende a la vez.  Sorprende por la magnitud del castigo; y no sorprende, porque esta es una tormenta que se ha ido construyendo lentamente desde la acusación de que Rusia ha intervenido en distintos procesos electorales por medio de las redes sociales, pero concretamente, la acusación no sustentada de que esa manipulación fue determinante de la victoria de Trump, y que fue determinante en la victoria del Brexit.

Lo primero es entender que los países que no tienen capacidad de pelear guerras convencionales exitosamente, léase Rusia, Corea del Norte y similares, hacen de la desinformación por medios electrónico su arma de combate.  La desinformación es el arma de los pobres, y tratan de generar caos y dudas.  Más que pretender un resultado especifico, buscan es deslegitimar el sistema.  Hoy las redes sociales son un repositorio infinito de noticias falsas.

Ahora bien, poco ha cambiado en el mundo.  La manipulación y la mentira siempre han sido parte de las interacciones humanas.  Sin echar demasiado atrás el reloj, el chisme en lo social siempre ha estado ahí.  Las personas que se destacan en el arte del chisme, son llamados chismosos; e incluso en Santa Marta existe el famoso Callejón de la Infamia, en donde se habla mal de todo el mundo pero no se le sostiene a nadie.  Ya en una parte más dramática, en el caso colombiano, los electores y ciudadanos hemos formado nuestra visión de país de la mano de los titulares de los diarios capitalinos; es decir, El Tiempo y El Espectador.  Ni que decir, que la versión de hechos presentada es acomodada a intereses claramente definidos.

El intento de manipulación y manipuladores siempre existirán, pero para que tengan éxito el destinatario tiene que tener unas condiciones que permitan el éxito de la manipulación.  Una persona que no traga entero, que cuestiona, que se informa de fuentes serias, no es susceptible de manipulación.  Las mentes abiertas que escuchan todas las versiones, y después forman su criterio son el dolor de cabeza de los manipuladores.

Lo que ha sucedido con la omnipresencia global de las redes sociales, es que por ser abiertas a que cualquiera pueda crear contenidos, el problema se ha exacerbado y es el campo idóneo para los manipuladores.  Además, como su acceso y uso no requieren mayores esfuerzos mentales y mucho menos intelectuales, la gran masa de usuarios es penosamente ignorante y se creen cualquier cosa.  Nada más ver el uso del lenguaje y la miseria intelectual que a diario se ve en las redes sociales.

En el caso colombiano, somos adeptos a los chascarrillos, a las frases ingeniosas aunque sean falsas; y las redes están inundadas de estas ingeniosas frases que se convierten en virales.  La calumnia y la falsedad se vuelven virales en segundos. 

Es difícil saber a ciencia cierta qué tan efectivas han sido las campañas de desinformación, vengan del lado que vengan.  El que el contenido sea servido a la carta según el perfil del usuario, no garantiza su efectividad.  Entre otras cosas, porque dicen los psicólogos, que las personas ya tenemos una decisión tomada, aunque no seamos conscientes de ello, y solo buscamos como racionalizarla.  Sin embargo, el solo hecho de la existencia del contenido da pie para que en las sociedades con alto grado de polarización, se cuestionen los resultados de los procesos electorales.  Como ya había anotado antes, la meta es dañar el sistema.  El perdedor hoy se vale de excusas para deslegitimar al ganador.  Por ejemplo, Trump hace más de una año ganó la presidencia en franca lid, y todavía los medios liberales y algunos sectores del congreso, siguen aferrados a la teoría de la colusión, dificultando que Trump gobierne. 

Es difícil que las redes sociales puedan solucionar el problema, y más regulación da al traste con el propósito original, que es el sueño hippie libertario.  Solo queda que los usuarios nos autoregulemos antes de que nos regulen.

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