Monumental desastre ambiental

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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Ante la magnitud del daño ambiental causado por un pozo abandonado que se reactivó en el corregimiento La Fortuna, zona rural de Barrancabermeja, Santander, derramando sin control petróleo, que lleva más de 25 días sin control, las instituciones en Colombia que velan por los recursos naturales, deben amoldarse a estrictas medidas y preceptos constitucionales; esto como un imperativo ineludible que amplíe la gama de posibilidades orientadas a la implementación de un funcional plan de contingencia que conduzca a corregir los errores que se vienen cometiendo; desde luego con una dosis apropiada de políticas adecuadas, buena gestión y visión de futuro.

Si bien es cierto que los desastres naturales son fortuitos; también lo es, que las empresas consolidadas y estructuradas como Ecopetrol deben estar enmarcadas en el ejercicio y compromiso de normas y protocolos en materia de seguridad. Este fenómeno de ocurrencia dudosa, obliga a redoblar esfuerzos y reflexiones éticas que enriquezcan y orienten decisiones, camino a la prevención. Prevenir es superior a cualquier circunstancia. Este es un axioma convertido en realidad; que debe servir de punto de partida a los órganos de fiscalización y control del Estado Colombiano, para que fortalezcan el trabajo de inspección y verificación al andamiaje operativo de entidades que quieren actuar como rueda suelta, las cuales deben asumir un compromiso que se consolide en percepción de seguridad; eso mediante procesos de capacitación ejecutiva, técnica y humana, vía a la modernización e innovación como existe en otros países a fin de garantizar la implementación y supervisión efectiva de los recursos naturales: fauna y flora.

En este renglón, la inversión en tecnología y maquinaria es un requisito de obligado cumplimiento, puesto que prácticamente quedó como enano la petrolera ante el gigante fenómeno ocurrido. Esta gran falencia nos dispone a plantear debates objetivos, serios, que conduzcan a mediar y servir de puente de solución. El monumental acontecimiento exige a Ecopetrol y otros entes a emprender acciones conjuntas de la mano de pescadores, agricultores, ganaderos y consumidores de la región, los más directamente afectados.

Ecopetrol requiere con urgencia la aplicación de herramientas gerenciales que favorezcan el fortalecimiento de procesos de planificación y formulación de estrategias que propicien encontrar mayores niveles de competitividad en materia de seguridad y proceder de conformidad con las normas en estricto derecho; de tal manera que Ecopetrol puede ejercer funciones de impacto y solución inmediata y como tal generar acciones pertinentes.

Es necesario que el país, la academia, los verdaderos ambientalistas, estos últimos que al parecer en estos momentos no se encuentran ni en el Min-ambiente, las CAR, ni la ANLA: Agencia Nacional para Licencias Ambientales y demás estamentos de la sociedad Colombiana, proyecten su mirada a esta situación que se quiere minimizar, para promover un acuerdo social entre todos; una perspectiva basada en un enfoque de la prevención, donde el dialogo tenga capacidad constructiva y decisoria.

Los más indignados aquí, la población cercana: pescadores, agricultores y ganaderos; también los consumidores. Los pescadores se quedaron sin trabajo por esta temporada y quien sabe cuántas más. Millares de peces y alevinos muertos, igual que babillas, iguanas, tortugas, culebras y aves. El balance es desolador; este desastre ambiental tendrá efectos nefastos en los ríos y lagunas donde arribe la mancha de petróleo y su efecto residual. ¿Por cuánto tiempo?

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