El costo y desgaste institucional por los pocos votos de las Farc

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El Pájaro de Perogrullo

El Pájaro de Perogrullo

Columna: Opinión

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Finalmente, las Farc, sin pagar cárcel y sin que hubiera habido plebiscito refrendatorio, participaron en las elecciones parlamentarias de 2018. Sin cárcel y sin cumplir con el famoso estribillo de verdad, justicia y reparación, el país, generosamente, los acogió en la fiesta democrática. Y las Farc, de manera espuria, obtuvieron 52.532 votos para el Senado y 32.636 para la Cámara de Representantes. Tan nimia votación no sería receptora de ningún escaño, pero el acuerdo de La Habana, a pesar de que Santos había indicado en las primeras de cambio que no habría escaños gratis, le otorgó a las Farc cinco escaños en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes. De hecho, como partido político, las Farc no alcanzaron el umbral, pero también, gracias al acuerdo, mantendrá su personería jurídica. Lo cierto es que las Farc obtuvieron mucho más en el acuerdo de La Habana de lo que darían sus 85.000 votos. La reflexión que queda es si se justificó semejante desgaste institucional y del país, y semejante lucha histórica, para terminar reducidos a 85.000 votos. Las Farc, de manera desafortunada, no entendieron el clamor y el querer nacional por justicia y no participación política inmediata, es decir, antes de haber pagado por los crímenes cometidos.


A las Farc les pasó exactamente lo que le pasa a la parte “triunfadora” en un proceso de negociación que obtiene ventajas a través de presiones que desembocan en concesiones irrazonables, lo cual genera necesariamente un desequilibrio contractual y una negociación con un resultado pierde-pierde. Así, en lugar de salir fortalecidos del proceso de paz, terminaron disminuidos y rechazados por los ciudadanos. La conclusión para las Farc debería ser, además de que el pueblo no los quiere, de que lo negociado es un “boomerang” que a largo plazo afecta el posicionamiento estratégico en la política. Además, nadie, ni siquiera Petro, los quiere apoyando las campañas presenciales que se avecinan.  También, por si fueran pocos los regalos que el proceso de paz les dejó a las Farc, el desgaste institucional por el que atravesamos dejó una estela de zozobra y polarización. Lo que en ocho años del Gobierno Uribe fue unísono en la conciencia colectiva de defensa institucional y derrotar a la farc para llevarlos a un proceso de negociación ventajoso para Colombia y los colombianos, terminó en una negociación deficientemente ejecutada y un acuerdo mal concebido, lo cual desencadenó la división nacional. La forma en la que se llevó el proceso, manipulando el subconsciente colectivo de paz con propaganda estatal, haciendo pasar por bueno lo que no lo era, terminó en el más exabrupto de los resultados, cuál es la desinstitucionalización del Estado en beneficio de unos pocos. Además, el tan llamado “fin del conflicto”, no terminó o por lo menos no controló los cultivos ilícitos y el narcotráfico, pues en realidad trajo consigo un aumento a más de 200.000 hectáreas de coca sembradas, lo cual es un penoso record histórico. Como están las cosas, lo que se necesita es volver a la senda de la seguridad democrática y la confianza inversionista, de la mano de aquellos que piensan, no en el interés particular sino en el interés colectivo nacional, ajustar lo otorgado en La Habana y, a futuro, no dar a diestra y siniestra prebendas a grupos terroristas, mucho menos si no tienen una real trascendencia democrática.

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