Ecos electorales

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

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Sobre la hipótesis de que los resultados de la consulta partidista en las pasadas elecciones del 11 de marzo pusieron a pensar a más de uno en reconsiderar y ajustar sus estrategias electorales no me queda la menor duda. Nueve millones trescientos veinticuatro mil votos a favor de las coaliciones “Gran Consulta por Colombia” e “Inclusión Social para la Paz” nos muestran que en esa cifra está representado el 50% de quienes religiosamente acudimos a las urnas. La suma de los sufragios por ninguna lista al senado de ningún partido, supera los guarismos de Gustavo Petro (2.849.331) y menos los de Iván Duque (4.038.101), ni siquiera los de los partidos que los respaldaron.

Es probablemente cierto que “el terror” que infundieran los de un lado contribuyera a movilizar a una masa amorfa e indecisa de votantes aterrorizados, pero de la misma manera, ese terror pudo igualmente inmovilizar a otro poco de votantes desesperanzados. Admitamos en gracia de discusión que hubo una distorsión aparente en los resultados de las consultas, pero que esta no le puede negar a los candidatos más votados su copiosa votación contra la de quienes aspiraban a una curul en el Congreso de la República, ayudados como lo hacen siempre por sus maquinarias y cuantiosas sumas de dinero destinadas a la compra descarada de votos, como lo denunciaran la prensa y los medios nacionales.

A mi juicio, cuatro son los escenarios que se vislumbran en el inmediato futuro: el primero, en el que Petro y Duque pasan a segunda vuelta. En el segundo, pasan a segunda vuelta Duque y el candidato más votado entre Vargas Lleras, Fajardo y De La Calle. En el tercero, pasan a segunda vuelta Petro y uno de los tres candidatos más votados distintos a Duque y, en la cuarta, gana cualquiera de los candidatos mencionados en la primera vuelta. Frente a estos escenarios, por lo demás inciertos y descartando el cuarto escenario, porque no existen claras tendencias que nos indiquen que uno u otros crezcan hasta completar los números que los llevarán “de una” al solio presidencial, es que vendrán los ajustes estratégicos anunciados.

Para que Vargas Lleras, por ejemplo, pueda asegurarse a segunda vuelta deberá necesariamente atraer al Partido Liberal, al Partido de la Unidad Nacional y a un sector importante del Partido Conservador. O sea, deberá juntaar a los mismos que sostuvieron, a punta de mermelada, a Juan Manuel Santos en el poder durante ocho años. De la Calle y Fajardo se unirán, como quiere Mockus, para dejar una constancia histórica con el Partido de la Alianza Verde. Duque con sus seis millones de electores, sumados los de Marta Lucía y Ordoñez, tratará de convencer a las disidencias de los partidos tradicionales y en especial a las mayoritarias del Partido Conservador, porque “la estrategia del terror” también se agotó, ya nadie se traga lo del “Castro-Chavismo” venezolano.

Y Petro, crecerá lo que le permitan los sectores más radicales del Polo Democrático que no le caminan a Fajardo, las agrupaciones menores que obtuvieron y que no obtuvieron curul, que no suman más de dos millones de votos hasta completar los cinco, incluidos los quinientos mil de Carlos Caicedo.

Claro que la opinión cuenta para todos y sumará (no mucho) para quienes tengan ideas claras de cómo gobernar a un país que está a punto de hundirse en el mar de las incertidumbres generadas por la ausencia de poderes, de autoridades, de reglas de juego y conducta ciudadana. Un país, que a pesar de navegar en esas aguas turbias en las que se combinan violencia, pobreza, ilegalidad y vergüenza lucha por expresar de múltiples formas su inconformidad, atrapado como está en una institucionalidad que no le permite creer y que no lo ayuda a pensar, a decidir y a actuar en favor de lo que realmente nos conviene a todos.
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